En mis seis años como coach he utilizado asiduamente este método de análisis para generar auto conciencia con el que, afortunadamente, he podido ser testimonio de algunas transformaciones catárticas: la directora comercial que descubrió la pasión por la enseñanza infantil, el ejecutivo financiero que no puede vivir sin su negocio de distribución de vinos, el nuevo rico tecnológico que dedica su vida a coleccionar arte moderno, el director general que quiere irse a vivir a China para estar más cerca del país que le enamora, la periodista que crea un negocio de marketing social, …No hay ni un denominador común ni una receta donde ir a buscar la panacea que facilite la consecución de estos cambios. Unos tardaron un mes en conseguirlos, otros un año. Algunos necesitaron varios años para descubrir dónde residía su verdadero potencial. También es verdad que más de uno todavía está pululando por el sendero de la vida tratando de poner un poco de luz a su penumbra.
No creo en las reglas ni en los ritmos cuando se habla de desarrollo profesional o personal en los seres humanos. Tampoco me atrevo a recomendar una terapia o un tipo de coaching por encima de otro. Aún así, doy fe de que en ocasiones la interacción con otra persona facilita un click mental y emocional a partir del cual el individuo es capaz de generar un torrente de acciones en cadena que desembocan en un océano de bienestar y serenidad.


















































































































