martes 9 de febrero de 2010

I HEARD YOUR VOICE THROUGH A PHOTOGRAPH

Para mí, no es lo mismo estar enamorado que ser enamorado. Lo primero parecer ser un estado transitorio donde nuestra conducta se somete a los designios de nuestro inconsciente que busca identificarse con otra persona (a veces, cosa o idea) para liberar pasiones o necesidades insatisfechas. Lo segundo es la expresión más pura del estado natural de un ser humano y puede, o no, estar vinculado con la existencia de un partenaire o elemento ajeno. Desde mi punto de vista, estar en al amor difiere, y mucho, de ser amor. En un caso salimos al exterior para encontrar el bienestar. En el otro, lo que hacemos es un viaje interior que nos permitirá mostrar la mejor versión de nuestra genuinidad. En el primer caso, el amor está fuera, ahí, lejos, … En el segundo, el amor está dentro, aquí, cerca, perenne, …

Por eso propongo un nuevo término para definir este estado: conamorado.

sábado 16 de enero de 2010

LA GEOMETRÍA EUCLÍDEA

¿Qué es una idea sino algo etéreo, inmaterial, espiritual? ¿Qué es una roca sino una amalgama de espacios vacíos llamados átomos? ¿Qué es el universo sino una reconstrucción infinita de una estructura molecular? Cuanto más lejos llegan los astrónomos y más cerca investigan los químicos mayores son los puntos de encuentro. ¿O no son similares las interpretaciones gráficas de ambas realidades? ¿Dónde empieza y acaba el cosmos? Micro y macro: los extremos se vuelven a tocar.

Venimos de la nada, somos nada y vamos hacia la nada. Eso es todo.

martes 5 de enero de 2010

DOS Y DOS

Por mucho que seas joven, con un cuerpo de escándalo y unos rasgos faciales únicos es poco probable que George Clooney se quede prendado de ti hojeando el book que te hiciste para trabajar de modelo y costearte los estudios en la universidad. Si eso llegara a ocurrir, lo que es de ciencia ficción es que al susodicho se le ocurra llamarte para invitarte a pasar un fin de semana en su mansión que tiene a orillas del lago Como.

Caso de que todo esto pudiera suceder, lo único que cabe contestarle cuando oigas que te dice “Hola soy George Clooney” es: What else?

martes 29 de diciembre de 2009

THE SWEETEST THING

Una persona muy especial me envía un correo de felicitación de año nuevo con frases que me resuenan con fuerza y me hacen vibrar:

- Nada puede ser realmente nuevo si uno lo vive desde viejas actitudes.
- Más que ayudar, ¿por qué no te pones a disposición del otro para que sea esa persona quien te enseñe lo que está dispuesto a cambiar y la forma en que quiere hacerlo?
- Te deseamos y nos deseamos que miremos hacia atrás sólo para cerrar los asuntos pendientes y dejar ir lo que ya no es.
- Te deseamos y nos deseamos que permanezcamos abiertos a encontrar verdaderos compañeros de camino afines a nuestra más íntima esencia.
- Te deseamos y nos deseamos fluidez para que nuestra sensibilidad se abra y florezca y podamos elegir cada día con lucidez en pro de nuestra armonía.

jueves 24 de diciembre de 2009

TWIST YOUR HEAD AROUND

Desde que me recuperé de las úlceras he escrito poco. Ya lo dije en su momento. Intuía una fase silenciosa y, hasta la fecha, así ha sido. En estos meses me he dedicado a no hacer nada, que ya es mucho. Si lo miro con ojos statuquoistas, vivir dando paseos frente al mar resulta, cuanto menos, sorprendente. Hasta naif. Por eso le doy tanto valor a lo que estoy consiguiendo. Porque es ahí, en la búsqueda de la quietud, donde he estado invirtiendo la mayor parte de mis energías. Y no ha sido tarea fácil dado que la carencia de mis neuronas y mi presbicia han estado tratando de enfocarme la mirada a los escenarios que me resultaban más familiares.

Una vez más, uno de mis grandes aliados en este transitar ha sido la palabra y, concretamente, el ‘no’. La negación me ha permitido rechazar ofertas tentadores y desviar compañías ingratas. Le he dicho ‘no’ a mucha gente pero, sobre todo, me he dicho ‘no’ a mí mismo, empeñado como estaba en ubicarme en terreno amigo.

Este acto de negación, a toro pasado, ha resultado ser trascendental en mi proceso de toma de conciencia. En definitiva, gracias al ‘no’ he podido decir que ‘sí’ a una nueva forma de ver y vivir la vida.

EMPAPADO DE NOSTALGIA

No son pocas las personas de mi alrededor que afrontan las fiestas de Navidad con, digamos, desgana. Cuando indago sobre esta apatía aparece un denominador común: la ausencia de un ser querido, generalmente uno o los dos progenitores. Unos hacen de tripas corazón y siguen con la agenda de comidas preestablecida durante años. Otros prefieren viajar con el fin de alejarse del protocolo. Y hay quienes, sencillamente, ignoran el jolgorio y siguen con sus quehaceres tratando de repeler con muy buenas maneras las invitaciones que se acumulan en su contestador telefónico.

El caso que más huella me ha dejado es el de una persona que se encerraba todas las Nochebuenas a llorar la pérdida de su madre. No sé si, ahora que está casada y con hijos, mantiene la misma costumbre.

jueves 10 de diciembre de 2009

EL ABOMINABLE PASQUÍN

jueves 19 de noviembre de 2009

ROUTINE THAT IS CRIMINALLY VULGAR

La hija soplaba las velas de su mayoría de edad sobre un pastel prefabricado sin que ninguno de los presentes se dignara siquiera a tararear el cumpleaños feliz. El hijo pequeño, que apenas probó bocado en toda la comida, siguió con la mirada clavada en la consola. El padre, habano en ristre, se limitaba a tocarle los cojones al camarero pidiéndole más hielo para refrescar la tercera botella de champán francés y un platillo donde posar las cenizas de su potestad. La abuela se repasaba el carmín de los labios frente a un espejo circular después de soltarle a la nieta un billete de cien. El abuelo, pobre, bastante trabajo tenía con mantener los ojos abiertos y no sucumbir a la presión del sopor.

Y ella, la madre, con la cara hundida entre las palmas de sus manos, miraba disimiladamente entre las mesas vecinas de la terraza alguna excusa para distraer su aburrimiento. O tal vez no. Tal vez lo que pretendía es comprobar si alguno de los presentes se estaba dando cuenta de la desafección tan escandalosa que reinaba en su familia.

miércoles 18 de noviembre de 2009

SÓLO LAS SOMBRAS PUEDEN INCOMODAR A LA NADA

El otro día estaba en mi playa favorita tratando de escuchar el repicar de las olas sobre la arena. El viento me obligaba a aguzar el oído. Había paz a mi alrededor. También en mi interior. Un instinto repentino me sedujo para levantar el freno de la silla de ruedas, que, impulsada por el vendaval, empezó a moverse en dirección al sol. Levanté los brazos. Y el rostro. Y me dejé llevar. Literalmente.

El paseo estaba desierto pero para mí fue como si estuviera en el paraíso. Lleno de luz. Lleno de amor.

martes 17 de noviembre de 2009

CANAL INVISIBLE: Cap. 50

Si lo hago por ti, mi amor.

¡Y tú que te lo crees! Ni por ti, ni por nadie. Lo hago por mí. Porque me encanta que me miren. Necesito que me miren. De ahí la profundidad de mis escotes, la longitud de mi tacones o la estrechez de mis faldas. Cada sombra de mi maquillaje, cada rizo de mi peinado o cada tono de mi manicura está minuciosamente concebido para llamar la atención ajena. No hay cosa que me satisfaga más que saberme observada, deseada. Si tu ego se alimenta cada vez que me follas, el mío se nutre de todas las miradas obscenas que recojo a lo largo de mi jornada. Me fascina avivar el brillo de ojos mentecatos, levantar pollas aburridas y, ¿por qué no?, remojar las paredes de vaginas mojigatas. En eso soy muy puta. Cauta, pero puta.

jueves 29 de octubre de 2009

EL NUDO GORDIANO (2)

En mis seis años como coach he utilizado asiduamente este método de análisis para generar auto conciencia con el que, afortunadamente, he podido ser testimonio de algunas transformaciones catárticas: la directora comercial que descubrió la pasión por la enseñanza infantil, el ejecutivo financiero que no puede vivir sin su negocio de distribución de vinos, el nuevo rico tecnológico que dedica su vida a coleccionar arte moderno, el director general que quiere irse a vivir a China para estar más cerca del país que le enamora, la periodista que crea un negocio de marketing social, …

No hay ni un denominador común ni una receta donde ir a buscar la panacea que facilite la consecución de estos cambios. Unos tardaron un mes en conseguirlos, otros un año. Algunos necesitaron varios años para descubrir dónde residía su verdadero potencial. También es verdad que más de uno todavía está pululando por el sendero de la vida tratando de poner un poco de luz a su penumbra.

No creo en las reglas ni en los ritmos cuando se habla de desarrollo profesional o personal en los seres humanos. Tampoco me atrevo a recomendar una terapia o un tipo de coaching por encima de otro. Aún así, doy fe de que en ocasiones la interacción con otra persona facilita un click mental y emocional a partir del cual el individuo es capaz de generar un torrente de acciones en cadena que desembocan en un océano de bienestar y serenidad.

miércoles 28 de octubre de 2009

EL NUDO GORDIANO

Ella quiere cambiar de trabajo. Está harta de hacer siempre lo mismo y de aguantar la mezquindad y mediocridad de los responsables de la empresa para la que trabaja desde hace un puñado de años. Ella insiste en abrir el periódico del domingo por la página de las ofertas de empleo y rastrear en busca de algún anuncio que encaje con su perfil. Cuando se desilusiona con el pobre panorama que presenta el mercado laboral, fantasea con abrir una tienda o un restaurante o un despacho y “montar algo que me dé de comer”. Lleva así varios meses y ahora ya empieza a pesar el paso del tiempo. Su autoestima se tambalea por momentos y donde antes veía habilidades, ahora ve dudas. La crisis. La edad. La “madre que me parió”.

Yo le propongo que cambie de estrategia. Que dé un paso atrás. Que antes de ir a ver qué le echan desde el exterior trate primero de buscar en su interior. Que empiece a pensar en su visión, su pasión, su vocación. Que sueñe en las cosas que haría si tuviera una varita mágica o fuera millonaria. Que reflexione sobre aquellas actividades que puede hacer de forma natural, sin esfuerzo, porque casi “forman parte de ella”. Que indague en aquellos momentos de su vida que la hicieron vibrar, sentirse viva, útil, … Que piense cómo suele hacer las cosas y cuáles son sus planteamientos a la hora de llevar a cabo los proyectos. Que se olvide de lo “peros” y los “es que” y anote todos aquellos piropos que ha recibido a lo largo de su dilatada carrera profesional y especifique qué aspectos de su currículum son más valorados. Y así, poco a poco, que vaya anotando todas las opciones e ideas que salgan, aunque sean descabelladas. Y una vez lo tenga todo que empiece a tirar del hilo y a crear su propia madeja.

Una cosa es cambiar de trabajo y otra bien distinta es tratar de darle un poco de sentido a la vida.

martes 27 de octubre de 2009

IN-SOLITO (2)

- Lo que es extraño es lo que me está pasando esta noche -exclamó acercándose un poco más hasta detectar las notas del perfume que emanaban de su nuca-. Resulta que vengo a un restaurante para cenar con una mujer que lleva meses sin hacerme ni puto caso y justo en el momento que confirmo que vuelve a ningunearme por enésima vez se pone a hablar conmigo una blondie que me pide que le preste toda mi atención porque ha salido de su casa sin ropa interior.
- ¿Sorprendido? –indagó sabedora del poder que estaba ejerciendo sobre su interlocutor.
- Más bien contrariado... Impotente –corrigió.
- ¿Impotente?
- Sí, impotente –recalcó-.
- ¿Por qué lo dices? –preguntó ella lanzando la colilla al suelo.
- Sólo me queda una alternativa –clarificó-.
- ¿Qué es …?
- Irme a casa y hacerme la paja más sonada del siglo pensando en el polvo más extraño que hubiera podido pegar con una extraña.
- Bah… -suspiró indiferente-. Si te sirve de consuelo, cuando yo llegue a mi casa, después de fingir que me corro con mi marido, me iré a la terraza con la excusa de fumar el último pitillo y también me haré una buena paja pensando en lo bien que me hubieras follado.
- ¿Así de triste? –objetó él
- Así de triste … y de morboso –sentenció ella.
- Antes de empezar a extrañarte, quiero pedirte una cosa –dijo cogiéndola por el hombro-. ¿Cómo te llamas?
- Me tengo que ir –se excusó-, este cigarrillo ha durado más de lo habitual.

IN-SOLITO

(Frente la puerta de un restaurante japonés, un hombre maduro y trajeado miraba con obsesiva insistencia la pantalla del móvil mientras exprimía las últimas caladas a un pitillo.)

- ¿Tienes fuego? –le preguntó de sopetón una rubia treintañera que salió inesperadamente del local envainada en un vestido estampado sosteniendo un cigarrillo apagado en la mano.
- Sí, aquí tienes –respondió él con el encendedor a punto de prender.
- Gracias, no sabes cuánto necesitaba este veneno –dijo mientras acercaba su Marlboro Light a unos labios con el carmín cuarteado.
- Bueno, hay dependencias mucho más dolorosas –le recordó tras guardarse el móvil en el bolsillo interior de su chaqueta.
- Dímelo a mí –intervino con presteza- que llevo tres años casada con un zoquete que me invita cada jueves a cenar en los mejores sitios de Barcelona y aún tiene que llegar el día que me eche alguna flor. Eso no es dependencia, eso es masoquismo.
- Caray –exclamó sorprendido mirándole por primera vez a los ojos-, veo que no reprimes tus opiniones.
- Hay cosas que sólo se pueden contar a un desconocido.
- Ya.
- Estoy harta de escucharle las miserias de siempre en relación a su trabajo –añadió quejumbrosa-. Hacía un buen rato que te estaba observando por la ventana, … Tan inquieto, tan atractivo, … Me preguntaba si al menos tú serías capaz de adivinar que no llevo sujetador.
- ¿Lo dices en serio? – preguntó con la mirada enredada entre los pliegues de su descomunal escote.
- ¿El qué digo en serio? –indagó-, ¿qué no llevo sujetador o que me haya podido plantear semejante cuestión?
- Las dos cosas –contestó.
- Tampoco llevo bragas – dijo ella sin inmutarse.
- Menuda declaración de intenciones.
- Así es –respondió antes de vaciar el humo que llenaba sus pulmones-, y este capullo sin enterarse. Cuando una mujer sale a la calle sin ropa interior lo mínimo que exige es recibir un poco de atención, sea del hombre que la lleva del brazo, sea de un auténtico extraño.

domingo 25 de octubre de 2009

I BELIEVE I CAN FLY

A colación de este post leí recientemente un texto con frases tan inspiradoras como éstas:

- Hay personas que cuando sienten el regocijo del amor, reconocen que lo que aman en realidad no es tanto el apego carnal al rostro o a la forma del ser amado, sino que han llegado a ser conscientes del estado de conciencia que experimentan cuando interactúan con dicho ser.



- La Co-Independencia es una relación basada en dos independientes unidos. Dos “naranjas enteras” que desde su autonomía e individualidad deciden unirse en sinergias de amor. En muchos casos, este tipo de relaciones suelen iniciarse incluso con espacios físicos diferentes, como, por ejemplo, casas distintas; situación que se prolonga hasta que deciden vivir en relación de sumas mutuas, sin ningún tipo de resta. Es un nivel para personas que siguen creciendo desde cada cual, sin apegos y, en consecuencia, con una gran capacidad de interesarse, enriquecerse y aportarse mutuamente. En este escalón, no se produce el tan frecuente temor a la pérdida de amor por causa del triunfo del otro; y por otra parte, el miedo a la pérdida del ser amado ha sido reemplazado por la confianza en la cooperación y el amor genuino. En este nivel, la relación es gratuita; es decir, que no salva a nadie de nada, ni resuelve ningún problema. En todo caso ya no se siente aquello de: “Te quiero, porque te necesito”, sino: “Permanezco contigo, porque te amo”, o bien, “Te elijo, porque te amo”; o incluso, siendo más riguroso y veraz, “Siento amor hacia ti”.

martes 20 de octubre de 2009

THE LIVING HELL

Hay personas que no utilizan ninguna de estas estratagemas para conseguir su ración diaria de amor. Su técnica, consciente o no, es más sibilina y rebuscada y consiste en hacerse pasar por víctimas proclamando a los cuatro vientos la maldición que ha caído sobre ellos. Son individuos que destacan la sombra antes que el sol y sólo ven el lado nefasto de cosas y personas. Y cuando se les acaban los argumentos que justifican su desgraciada vida pueden llegar incluso a auto provocarse sus propias desventuras para mantener encendidas las brasas de su mala suerte. La finalidad de estas maniobras es evidente. Mientras haya desdichas que contar y críticas que argumentar habrá oyentes que se acerquen a su vera para escucharlas y, a posteriori, ofrecer sus hombros, labios y genitales para compensar tanto infortunio.

Una variante más retorcida de esta tipología de cazadores de amor la encontramos en aquellas personas que van más allá de la crítica y llegan a la controversia, la discusión e, incluso, la pelea. El objetivo es el mismo: llamar la atención para sentirse atendidos, importantes o superiores. Es decir, amados.

lunes 19 de octubre de 2009

EL REFUGIO DE LA MEDIOCRIDAD

FILIGRANA

Tanto la endorfina acumulada en mis testículos como la extrema rigidez que gobernaba mi erección indicaban que mi próximo movimiento sería el de agarrarle cada uno de los muslos con mis manazas de picapedrero para dejar al descubierto el agujero encarnado y así poder follármela sin contemplaciones hasta conseguir escupir de una puta vez la horda de lefa que borboteaba en el interior de mi escroto.

En lugar de eso, me sorprendí haciendo una maniobra tan inédita como delicada. Acerqué mi nariz con cautela hasta rozar el pezón de gelatina que sobresalía de su cuerpo y me quedé allí, inmóvil, saboreando el color de su excitación. A medida que mi respiración se hizo más elocuente, empecé a escuchar sus primeras vehemencias vaginales que, a su vez, agitaron el ritmo de mis exhalaciones que, a su vez, aceleraron sus retortijones. A cada expiración mía su boca expulsaba una retahíla de fonemas inconexos que hablaban, sobre todo, del desconcierto que se estaba produciendo en su entrepierna. Me la follé entera, a base de suspiros. Hasta que me corrí.

Era la primera vez que me follaba a una mujer con la nariz a través de su teta: el polvo más extraño y excitante que ha parido mi imaginación.

viernes 9 de octubre de 2009

TEN UN POCO DE DECENCIA

Lo he bautizado como Síndrome del FuGiTiVo. Lo padecen las personas que se sienten:

Feas
Gordas
Tontas
Vacías

Más que huir, son personas que se esconden de sí mismas y viven en un estado de permanente ostracismo incapaces de ver un resquicio en su autoestima para levantar el vuelo. Suelen exagerar los estímulos que les llegan del exterior. De esta manera, tienden a interpretar cualquier comentario como un ataque personal o, por el contrario, llegan a enamorarse locamente de quienes les muestran una mínima atención. Los expertos dicen que esta disfunción tiene un doble origen. Por una parte está la cultura y la sociedad; y por otra está el jodido ADN.

martes 29 de septiembre de 2009

CANAL INVISIBLE: Cap. 49

No está mal este sitio, tiene sabor.

Ni se te ocurra traerme nunca más a un cuchitril tan cutre como este con las paredes atestadas de barriles pestilentes de vino, el suelo alfombrado con cientos de cabezas de langostinos y mesas de mármol raídas por el paso y el peso de millares de codos embriagados; de lo contrario vas a tener que desinfectarte con salfumán y pasar una cuarentena antes de volverme a poner la mano encima de la rodilla.

martes 22 de septiembre de 2009

UN ENCUENTRO SILVESTRE

Después del receso merecido, la lluvia matutina llamó a la puerta para despertarlos e invitarles a retomar el apasionante sendero que habían transitado durante toda la noche. Sus cuerpos, aún extenuados, se reconocieron con la misma presteza con que la leona recién parida husmea en la dehesa la que será la ración de su camada. Con los ojos cerrados, él palpó de nuevo las nalgas de su amante que seguían tan incandescentes como las había dejado pocas horas atrás. Esta vez no le costó tanto localizar la gruta que equidistaba de ambos montículos; tan evidentes eran las huellas de la primera acometida. Miró hacia atrás para asegurarse que su compañera le cubría la retaguardia y, con la misma determinación y premura que maneja un experto cazador cuando cruza los límites del coto, se adentró en la espesa angostura que se abría frente a él para iniciar el ataque definitivo hacia la conquista de su presa.

lunes 21 de septiembre de 2009

TURN ME ON

jueves 17 de septiembre de 2009

POR SI ACASO

Huelo tu inquietud a través de silencios y matices inéditos e intangibles que se me antojan gritos desgarradores y desesperados. Siento tu confusión de tanto ponerle interrogantes a todas aquellas certezas que has ido sembrando a lo largo de tu vida. Intuyo tu desazón entre los cientos de dilemas que llaman a tu puerta. Y mientras tú elucubras qué vestido te vas a poner yo te observo desde la distancia macerando los cinco sentidos, azuzando el colchón y preparando el morral de los aperos por si llega el día que decides llamar.

Llegue o no el aviso, sigo a tu lado aprendiendo a seguir a tu lado en cualquiera de los caminos que elegimos recorrer. Ah... te amo.

DISCERNIMIENTO PRE-OTOÑAL

La vida no se mide por el tiempo que respiras sino por los momentos que te quitan el aliento.

Las etiquetas están fabricadas por aquellos que necesitan justificar sus comportamientos, que por otra parte son los primeros en vulnerar, y que no entienden que en la diferencia está la riqueza del ser humano que es capaz de reinventarse constantemente.

¡COMO ESTA EL MUNDO!

- ¿Cómo te va?
- Pssssé.
- ¿Algo grave?
- Nada importante.
- ¿Salud?... ¿dinero?... ¿amor?
- Es que este verano no he follao.
- Ah... ¿y eso?
- Me dolía una uña.
- Qué chungo, ¿no?

lunes 24 de agosto de 2009

EL CANCERBERO

Se hace llamar Coco. Es un buen amigo de mi hermano que estos días de verano reside en casa de mis padres. De constitución frágil, tiene un semblante pálido, casi enfermizo, que contrasta con una vitalidad contagiosa. Su oreja izquierda está alicaída y avisa de un pasado con abusos exagerados. El primer día que lo conocí se acercó con vergüenza, como pidiendo perdón por inquietar mis momentos de lectura. Al llegar a mi vera, estuvimos estudiándonos un buen rato hasta que de mutuo acuerdo nos concedimos el beneplácito para interactuar. Hoy, después de casi tres semanas de amistad somos inseparables. Cuando llego con el coche, en lugar de esconderse en la casa como hizo el primer día, se acerca a la puerta de la finca con el rabo inhiesto e inquieto y me escolta hasta que me he instalado bajo la sombra del porche. Una vez allí, se sienta junto a mí con la cabeza alta y busca mi mano con sutileza para que le acaricie el lomo.

Nunca me han gustado los perros. De pequeño, tuve una experiencia traumática que me alejaba de su presencia. El primer can que me ayudó a romper esa absurda barrera era un husky siberiano, también alojado temporalmente en casa de mis padres, que me acompañaba en mis largas carreras de pretemporada deportiva. Después vino Jackie, una bulldog francés elegante y cariñosa como ninguna que era la reina de la oficina donde trabajé unos cuantos años. Ahora es Coco quien me enseña a amar a los animales y, por ende, acercarme a la naturaleza. Ambos hemos tenido turbulencias en nuestro pasado y parece que eso nos une en el presente.

domingo 23 de agosto de 2009

CIENCIA FRICCIÓN

Acogedora.
Adictiva.
Afectuosa.
Agradable.
Apacible.
Aromática.
Blanda.
Cálida.
Cariñosa.
Celestial.
Confidente.
Coqueta.
Delicada.
Dócil.
Dulce.
Elegante.
Esponjosa.
Exquisita.
Fácil.
Fina.
Flexible.
Graciosa.
Grata.
Honesta.
Inteligente.
Leve.
Ligera.
Lisa.
Mansa.
Plácida.
Profunda.
Reposada.
Robusta.
Sedosa.
Sensible.
Sosegada.
Sutil.
Tersa.
Tranquila.
Uniforme.
Valiente.
Voluble.

Divina.

lunes 27 de julio de 2009

UN SAMURAI EN EL COMEDOR

Estoy mirando un reportaje sobre personas inmigrantes que por una razón o por otra residen en Belgrado. El audio es en inglés y está subtitulado en español. Me llama la atención el segundo protagonista de la historia: un japonés que después de licenciarse en ingeniería se paseó por media Europa hasta recalar en la capital serbia. La cámara lo graba en sus actividades cotidianas. En una escena, el nipón entra en una especie de churrería a comprar unos cuantos calamares rebozados. Cuando el dependiente le alcanza la bolsa, el protagonista le pregunta el importe de su compra. En ese preciso instante, unas décimas de segundo antes de que aparezca impreso el precio en el televisor, me vienen a la mente dos números: el uno y el seis. Es un pensamiento contundente, irrefutable. Sé que aparecerán esas cifras. Lo sé. Un uno y un seis. Por este orden. Centro la atención en la base de la pantalla a la espera de que se confirme mi presentimiento. No estoy inquieto; al contrario, me siento tranquilo y, sobre todo, confiado. “Son 169 paras”, leo con júbilo.

Ahí están. El uno y el seis. Tal y como los había visualizado. Sonrío con ganas mientras me dejo abrazar por un repentino sentimiento de gratitud y de paz. No ha sido cosa de la suerte, ni tan siquiera de la intuición. Esto ha sido una certeza, una Verdad que ha venido del Cosmos, de La Fuente. Esta causalidad es una de tantas y tantas señales que confirman nuestra interconexión con el Universo, la Conciencia Colectiva o como quiera que queramos llamar a esta energía suprema que va más allá de la razón y une pasado, presente y futuro en un instante infinito. Es el paraíso; un lugar lleno de luz al que no se va sino que te viene.

Me dejo llevar.

miércoles 15 de julio de 2009

LA RAÍZ CUADRADA

Valeria es una lectora del blog que me envía esta foto. Conocí a esta mujer en una comida entre amigos. Venía con su pareja y una poderosa cámara que le permitió curiosear entre los gestos de los invitados. En el aperitivo nos reunimos un grupito de cuatro para glosar las bondades de la casa anfitriona y darnos a conocer. No se por qué pero a mí me dio por explicar mi accidente y hacer referencia al blog. Antes de despedirme, Valeria se acercó y me pidió la dirección. Contrariamente a lo que hago con los conocidos, accedí a dársela sin rechistar. Algo en su mirada me decía que tenía que abrirle esta ventana.

En el mensaje que acompaña la foto, Valeria dice que mientras leía mis entradas pensó en ella. La imagen es muy expresiva; una rotunda alegoría de lo que ha significado mi vida. Un tronco ajado y con muñones que se eleva hacia el cielo para abrir sus ramas y bañarlas al sol. El milagro de la semilla frágil que se convierte en árbol robusto. La foto habla de mí, pero, en mi opinión, también habla de ella. De cómo se ve. De cómo se siente. Desde aquí le digo que las semillas, todas las semillas, saben cómo convertirse en árboles. Está en su código genético. Sólo necesitan un poco de tierra fértil y una dosis apropiada de sol y agua. A veces, ni eso. Lo demás ya está escrito y la manera más recomendable de vivirlo es aceptando la deriva existencial y abandonarse a lo que está por venir.

¡Suerte Valeria!

lunes 13 de julio de 2009

NO ME MIRES QUE ME CORRO

Acabábamos de vivir un momento memorable y transformador a partir de un beso inocente que desembocó en un orgasmo tan atroz como incomprensible. Nuestros rostros se miraban asombrados y sobrecogidos; más el suyo que el mío por ser quién experimentó la convulsión. “¡Qué fuerte!” decíamos al unísono, “una cosa es que te lo digan y otra cosa es vivirlo en primera persona”.

En esas que me dio por acariciarle la piel. Estaba suave y cálida. Acogedora. Empecé por el rostro y descendí poco a poco por su brazo hasta llegar a su mano. Aquí me entretuve en recorrer todos y cada uno de sus dedos. Hacia arriba y hacia abajo. Por delante y por detrás. Cerré los ojos y seguí con mi particular excursión. Al poco, su respiración se hizo más evidente y sus piernas empezaron a entrelazarse entre sí como lo habían hecho unos minutos antes. Me detuve en el dedo corazón. Mi yema apenas rozaba la suya y aún así su cuerpo seguía agitándose más y más. De pronto, me vi respirando con su misma contundencia. Empecé a sentir una paz desmedida, una felicidad infinita. Hubiera podido ponerme a reír, o a llorar; tanta era la emoción del momento. Mi diosa revolviéndose de placer entre las sábanas desaguisadas. Al final se escuchó un aullido salvaje que ponía punto y final a nuestro ritual y que marcaba el inicio de una nueva forma de vivir nuestra sexualidad.

Nuestros dedos permanecían unidos; nuestras almas, fundidas. El ying y el yang en estado puro.

miércoles 8 de julio de 2009

ARMONÍA FRACTAL

Hace seis años hice el primero de los tres cursos que me darían los conocimientos y las habilidades para ser coach. Como parte de los requisitos de certificación, la escuela nos obligaba a hacer cincuenta sesiones gratuitas con amigos y conocidos que posteriormente debíamos documentar con todo tipo de detalles. Mi primer “cliente” fue una treintañera que andaba bastante perdida por la vida y que me refirió un amigo de un amigo. Después de acabar la carrera de turismo y trabajar en una fundación, en un museo y, finalmente, en una empresa de moda como directora comercial la mujer se estrelló de bruces con su insatisfacción. Cuando la conocí, llevaba dos meses en el paro y no tenía ninguna intención de reincorporarse al mercado laboral hasta no estar convencida sobre cuál debía ser su próximo paso. No sé si atribuirlo a la suerte del principiante o a su portentosa capacidad de superación, el caso es que en sólo cuatro sesiones esta chica descubrió su pasión y tardó menos de un mes en matricularse en la universidad para estudiar la disciplina que tanto le apasionaba.

El domingo pasado fui a la fiesta que organizó en su casa para celebrar su matriculación. La verdad es que estaba un poco nervioso porque no la había vuelto a ver desde nuestra última sesión. Cuando me vio entrar en el jardín se abalanzó sobre mí y me abrazó con toda su alma. “Gracias, gracias, gracias, …”, repetía con los ojos llorosos de alegría. “Gracias a ti”, le contesté sin dejar de achucharla. Fue uno de esos momentos que quedarán enmarcados para siempre en mi memoria. El círculo se había cerrado. Personalmente, nunca le agradeceré lo suficiente a esta mujer la confianza que me otorgó para abrir una conversación de Coaching. Gracias a su apertura conseguimos un resultado que aumentó mi confianza como coach en unas cuantas toneladas y supuso un bonito punto de partida para la carrera que estaba a punto de iniciar.

miércoles 1 de julio de 2009

ESTA POLLA VIENE CON SORPRESA (2)

Lo mejor de la velada, sin embargo, estaba por llegar. Al menos para él. Michele Azzarello quería culminar esa noche de gloria con un acto celestial y suicida que había planificado con un sigilo enfermizo en el que iba a poner en riesgo todo el prestigio acumulado a lo largo de sus años de servidor público. A las doce en punto se excusó de su esposa y de un par de periodistas que le querían sonsacar el paradero de Gianluca y se dirigió a los servicios de la segunda planta del teatro donde se había citado a medianoche con un chulazo sacaleches que conoció en los lavabos del aeropuerto de Milán, recién llegado del congreso anual de policía criminal que se organizó en Cleveland. Subió las escaleras de dos en dos mientras notaba una dentellada en su verga, que rugía como una fiera salvaje en busca de apareamiento. Entró en el baño descompuesto y arrebatado por su ansia de sexo. El chapero lo recibió con ojos de aquí te espero junto al secador de manos, con los pantalones a media asta y el mástil describiendo una clara trayectoria hacia el cielo florentino. Il sargento se despojó de la chaqueta del esmoquin con un gesto entre colérico y humillado y se arrodilló sin mediar palabra para saborear aquel portento de la madre naturaleza.

De porcelana. Era una polla de porcelana. Brillante como la mirada de un púber, suave como un rayo de sol primaveral, dulce como una palabra de aliento. Se la comió toda hasta casi reventarla. “Ahora fóllame, hijo de puta”, le dijo al macizo mientras hundía su cara en el azulejo, “ha llegado la hora de correrme.”. Cerró los ojos para concentrarse en su fantasía y poder oler el aliento del chulazo que le propinaba chupinazos desgarradores en su trasero mientras descargaba en su cogote recién afeitado varias bocanadas de desprecio.

Antes de reincorporarse a la fiesta, ya vacío, se miró al espejo para ajustarse la pajarita y se sonrió a sí mismo con aire de suficiencia para vanagloriarse de su atrevimiento y, en especial, de su nuevo estatus. Un mensaje en su Blackberry lo bajó de la nube en la que se encontraba: “Gianluca ha vuelto a las andadas”, escribió su asistente personal, “y esta vez se ha comido a un pez muy gordo: la condesa de Bigozzi”.

ESTA POLLA VIENE CON SORPRESA

Cuando vio a la mujer del primer ministro atravesar la puerta de cristal que daba acceso al vestíbulo del Teatro della Pergola con el mismo vestido negro, idéntico, que lucía su esposa para la ocasión, le cogió tal sofoco y vergüenza que hubiera regalado hasta el último euro de su pequeña fortuna familiar para fundirse como un helado y escabullirse en silencio de aquella escena tan desgraciada. “Pobrecita -pensó Il Sargento- es que no tiene suerte ni para elegir un traje de noche”. Era un Gucci escultural, negro, ceñido de cintura con una falda transparente y volátil y un escote en la espalda peligrosamente turbador que, debidamente combinado con El Zapato de Tacón, poseía la inverosímil virtud de convertir el cuerpo de una mujer en una obra de arte. Por eso no dudó en desprenderse de los 10.000 euros que le pidió el eunuco de la tienda florentina por aquel suspiro de tejido porque, a pesar de ser él quien recogería el galardón de ‘Italiano del Año’ de manos del presidente de la República, necesitaba que esa noche su esposa sacara el máximo partido del escaso encanto que la naturaleza le había dejado en fianza. “Sonríe Giussepina, sonríe y no te preocupes -le susurró al oído con un deje falso y despectivo-, su elección dice mucho de tu buen gusto”.

A pesar de la mancha negra que llevaba colgada del brazo, Michelle Azzarello brilló toda la noche con luz propia luciendo su estampa ejemplar a lo largo de la ceremonia con una familiaridad y presteza innatas. Aquel reconocimiento público junto a los grandes prohombres de la Italia empresarial, política y cultural colmaba todas sus aspiraciones. Era la primera vez en la historia de la República que se condecoraba a un miembro de los carabinieri. Cuando se hizo la foto protocolaria con el presidente Azeglio dedicó un breve y emocionado recuerdo a su adorada madre, cuyo fallecimiento en extrañas circunstancias se había convertido en el motor de sus estudios universitarios y posteriores investigaciones policiales. Ahora sólo le quedaba rematar la faena y dar caza a la rata de Gianluca, que, a pesar de sus torpezas en el ejercicio del crimen, siempre lograba escurrírsele en el último momento.

viernes 26 de junio de 2009

A VECES PIENSO, A VECES NO

Se dice rápido, pero doce meses en posición horizontal es mucho tiempo. Quienes me leen con asiduidad saben que ésta ha sido la duración de mi convalecencia en cama para poder curar unas úlceras que me salieron en el sacro, o sea, el culo. He aprovechado este tránsito para aprender y aprenderme. Y para reafirmar mi convicción de que la aceptación (o el amor, que es lo mismo) es uno de los ingredientes básicos para cocinar nuestra receta del bienestar. Gracias a la aceptación he podido transitar con dignidad por este parón. Y gracias a este parón, he tenido miles de horas libres que he empleado en rellenar este blog con mis vivencias, opiniones y algún que otro relato. Sentirme leído ha sido una experiencia maravillosa y desde aquí agradezco a todos y cada uno de los visitantes que han detenido su nave en este puerto.

Lo que hoy quiero decir es que siento que empieza una nueva etapa en mi relación con este blog y que aún no sé que forma tendrá. Lo que si sé es que viene cargada de silencios. Porque con tanta cama en mis espaldas lo que me apetece ahora no es escribir sino salir y reventarme todos los ahorros que he acumulado durante este año en ver el mar, comer con los amigos, tirar de mi silla de ruedas por cualquier rincón de Barcelona y respirar bocanadas y bocanadas de aire caliente.

Como dice una gran amiga, este blog es como un “libro con ventanitas”. El tiempo dirá cómo sigue.

viernes 12 de junio de 2009

READY TO ROLL

Ayer recibí una llamada de mi sobrino minutos antes de medianoche que, inicialmente, me sobresaltó del duermevela en el que me encontraba. “¿Estás visible? ¿Puedo venir a hablar contigo?”, preguntó con urgencias; “tengo que darte una noticia… ¡ah!... es algo muy positivo”, dijo al final para tranquilizarme. Llegó en un suspiro y, de lo excitado que iba, empezó a hablar sin quitarse el casco.

La consulta tenía que ver con una decisión vital, de esas que tanto me gustan. Resulta que tras un cuarto de siglo deambulando por la vida, cumpliendo los patrones más ortodoxos de la cultura del bienestar, ha decidido que la verdadera naturaleza de su genuinidad, lo que puede dar sentido a su vida y arrinconar de una puta vez esa desgana que ha protagonizado su deriva existencial, es ser bombero. Sí, bombero. Ni ejecutivo de empresa, ni emprendedor, ni consultor; sino bombero. Con dos cojones.

Era la primera vez que veía a mi sobrino hablar con pasión, con luz en su cara. Al contrario de lo que ocurrió cuando tenía que acabar la carrera o incorporarse al mercado laboral o gestionar las incongruencias de trabajar para un jefe inepto y mal follado, sus palabras destilaban convicción, ilusión, … Parecía otra persona; más confiado, más seguro de sí mismo.

Ayer volví a ser testigo de un nuevo re-nacimiento, el despertar de una esencia recóndita que suele quedarse atrapada bajo la vergüenza, el qué-dirán, la pachorra o, simplemente, la ignorancia. Por la parte que me toca, me sentí feliz, inmensamente feliz, no sólo por tener el privilegio de ser uno de los primeros en recibir la noticia, sino por saber que, en breve, uno de los miembros de nuestra familia dedicará su vida a salvar la de los demás.

jueves 11 de junio de 2009

TRASCENDIENDO LA DEIFICACIÓN A PARTIR DE LA CORPORALIDAD

Sencillamente sublime.

EL HOMBRE DEL GIRASOL (4)

Entró en la habitación de la condesa harto de furia tras la decepción de ver frustrada una intentona que ella misma había hecho fracasar. Estaba ansioso de muerte y apuntó su saña hacia el cuerpo de la anciana con la misma decisión que aplica el toro bravo cuando sale al coso para desarmar a su oponente. Al comprobar que la vieja dormitaba, aceleró los movimientos para adelantar el final de la faena. Le arrancó las sábanas de satén dispuesto a estocarle el corazón de un golpe seco, pero cambió de planes cuando descubrió que la señora de Bigozzi se había despojado de sus perlas y vestimentas quizás con la intención de incorporar registros más atrevidos en su monótona interacción sexual. “Mala puta”, refunfuñó, “¿quieres marcha?... pues que empiece la fiesta”. Con una mano le abrió las piernas acartonadas y con la otra le hundió el machete en el recto desde donde, con la misma habilidad que ejerce el pollero a la hora de desembuchar un ave, trazó una raja limpia en sentido ascendente que le abrió la matriz y el vientre hasta alcanzar el esternón. El silencio de la noche se quebró con el último suspiro de la condesa y con el crepitar de los intestinos, que se movían por la entrepierna de la difunta aristócrata como lombrices hambrientas en busca de un escondite. Un río de sangre caliente tiñó el brazo de Gianluca, que, al ver el aluvión que enrojecía su piel viscosa, hinchó sus fosas nasales para absorber el funesto aroma que tanto había añorado.

Antes de abandonar la macabra estancia se quedó unos segundos con la nariz enhiesta y los ojos en blanco. El escupitajo que incrustó en la puerta de la cámara rubricaba su obra de muerte y ponía punto y final a su estancia en el castillo de Bigozzi.

miércoles 10 de junio de 2009

EL HOMBRE DEL GIRASOL (3)

“Estos cabrones no paran de follar”, rechinó mientras se levantaba adoptando la posición de ataque que tan buenos resultados le había dado en misiones pretéritas, “así quedaran más monos en la foto de portada: en pelotas y sin cabeza... jajaja”; sonrió rememorando la portada del Corriere con la imagen decapitada de una turista mejicana que apareció desnuda en los alrededores de Strove y de cuya investigación, aún sin esclarecer, se hizo cargo el más famoso criminalista de la región de Chianti, Michele Azzarello.

Gianluca inició el galope hacia su objetivo con los ojos en blanco, el puño agarrotado de tanto apretar el cuchillo y el corazón a punto de reventar. La noche, negra y tiesa como el armazón de una cucaracha, transcurría con aspereza y le forzaba a moverse entre los arbustos con poca maña y mucha diligencia, la misma que aplica en su carrera libertadora el preso que huye de sus celadores. Casi podía oler la sangre que en breve manaría a través de los pescuezos de sus víctimas. Y ese aroma premonitorio, que llenaba hasta el último alveolo de sus pulmones, le excitaba de tal manera que hasta su miembro se empezó a tensar con la misma flema y firmeza con la que el arquero carga su flecha para el pertrechar el disparo mortal.

Bip... biiiiiip, bip... biiiiiip, bip... biiiiiip.

“Joder, joder, joder”, se maldijo el vigilante asesino mientras intentaba apagar el pitido de su móvil a base de mordiscos. Gianluca, oculto tras el tronco de una encina centenaria, peleaba con ademanes de cavernícola para zafarse del inesperado aspaviento electrónico. Cuando acertó acallar el señuelo de su voluntad homicida descifró los números que parpadeaban en la pantalla para corroborar lo que ya presumía. El emisor de su llamada era la Condesa de Bigozzi, dueña de aquel monte medieval y residente en el ala oeste del castillo que tenía por costumbre despertarle en las horas más intempestivas para requerirle en asuntos privados de muy baja calaña impropios de una señora de porte tan elegante y edad tan avanzada.

“Es la segunda vez en una misma noche que me interrumpen con un timbre”, farfulló en tono desafiante sin soltar el arma y con la verga aún recia. “Esta zorra se va a enterar de quién es el verdadero Gianluca Zocci.”

martes 9 de junio de 2009

EL HOMBRE DEL GIRASOL (2)

En las últimas semanas habían atravesado su mente, como ráfagas de viento polar, multitud de recuerdos infantiles que ya creía olvidados y que le remontaban a la penumbra de la pocilga en la que su padre le había escondido de la sociedad. Nació tarado, inacabado. Su piel lechosa, su andar renqueante y sus pocas luces suponían una lacra inaceptable para los Zocci que, por aquellos entonces y antes de la masacre provocada por un envenenamiento tan masivo como inexplicable, ostentaban con todas las consecuencias el poder político y económico de la isla de Cerdeña. Eso es lo que él representaba para su familia: una consecuencia, un lastre. Y como tal permaneció oculto entre boñigas de gorrino con el rostro ajado por el constante repicar del cinto paterno hasta convertirse en un adulto miserable y repugnante capaz de cometer los más aterradores actos de perversión. Tal era su sed de venganza que, en su época más virulenta, tuvo los benditos cojones de trepanarle los oídos con una aguja de tricotar a la primogénita de Don Terrazzoni, el mafioso más respetado y rabioso de la provincia de Cagliari, a la que, puestos a joder, y mientras aún le rezumaba sangre por ambas orejas, se la folló repetidas veces por todos los orificios que la naturaleza había predispuesto para su goce. Así era Gianluca, un tipo inconsciente y manchado a quién le bastaba un timbre intempestivo para reavivar la llama de vendetta que yacía en su mente depravada.

Rojo de ira, se apresuró a descender por la carretera aferrando su sacabuches favorito; el mismo que utilizó para rebanarle el cuello al cura que cometió el pecado de hacer públicas sus confesiones de juventud. Su ansia de castigo se retorcía en sus pensamientos como un dragón herido antes de clavar la última dentellada. Si había sido capaz de esperar un lustro sin cometer ninguna barbarie, nada ni nadie, ni siquiera el chantaje con que le amenazaba su arrebato, pondría en peligro la misión que se había impuesto entre ceja y ceja hacía tan sólo media hora. Se agazapó entre los arbustos junto al coche plateado de matrícula española a la espera de oír el aullido de placer que le daría la señal para abalanzarse sobre sus víctimas. La noche empezaba a mostrar su perfil más inhóspito, aquél en el que Gianluca se sentía más confortable. Apretó su empuñadura con saña, la misma que aplica el avaro cada vez que recauda el lucro de sus especulaciones, y se enroscó sobre sí mismo como una serpiente para rentabilizar el calor generado en el trayecto asesino.

lunes 8 de junio de 2009

EL HOMBRE DEL GIRASOL

Riiiinggg… riiiiiingggg… riiiiiiiiiiiiinggggg. “Me cago en su puta madre”, farfulló en voz alta mientras tropezaba con su propia torpeza al levantarse del sillón en el que había intentado escorarse del frío que avanzaba implacable por su osamenta de cafre. Abrió con el mando a distancia la verja que daba acceso a la heredad y encendió la luz de emergencia del vestíbulo para recibir con la más evidente de las descortesías a la parejita que llegaría en unos minutos. “Españoles de mierda tenían que ser. Esta vez llegan a las cinco de la madrugada… y, encima, con estos aspavientos. ¡Serán hijos de puta!”, pensó para sí. Se acercó a la puerta del viejo castillo reconvertido en hotel-con-encanto dejando a sus espaldas unos gigantescos frescos de Piero di Francesco que se ascendían por las paredes de la escalera circular que perforaba el edificio como un berbiquí. Se plantó tras el cristal para observar a traición cada uno de las maniobras del coche que ascendía con torpeza por el sinuoso trazado de la ladera del monte Bigozzi. “Ojalá se estrellen”, murmuró tras una maquiavélica sonrisa que desenmascaró una ristra de jirones de marfil pardo.

Cuando acabó de bajar las escaleras del porche de bienvenida perdió el rastro de los invitados entre la comitiva de arbustos que escoltaban el recorrido recién asfaltado. Como no escuchó ningún estruendo, supuso que los turistas se habían escorado en algún recoveco del camino para dar sentido a su condición de recién casados. Estaba exaltado, peligrosamente exaltado. Con el mismo sigilo y delirio que empleó treinta años atrás para ahogar a su padre en las plácidas aguas del lago Trasimeno, decidió salir al monte camuflado bajo la casaca de vigilante nocturno para brindarle una nueva ofrenda a su ansia de venganza.

"No temáis españolitos; no temáis”, gritó al cielo de la Toscana, “que Gianluca Zocci pronto os rescatará."

domingo 7 de junio de 2009

EL OASIS (5)

Despertó del mini sueño con la voz del hombre que hacía unos instantes había estado encima de ella en repetidas ocasiones. “¿Me permite?”, le preguntó su camarero favorito, mientras le acercaba un mechero con la llama prendida. Ella tardó unos segundos en reaccionar y en recuperar la compostura que creía haber perdido durante su aventura onírica, pero finalmente, y tras controlar el temblor de su mano derecha, consiguió llevarse un pitillo a la boca y acercarlo a la lumbre que le ofrecía su amante de ficción. “Gracias”, le contestó con la cabeza gacha, incapaz de devolverle la mirada.

Se sorprendió de la temperatura que emergía de su cuerpo, de la presión con que latía su corazón y de la humedad que se amontonaba por debajo de su falda; e intentó normalizar sus constantes vitales aspirando con fuerza el humo de la primera calada. Al expulsarlo, bebió un sorbo del café con leche que todavía humeaba en el vaso de cristal y que, fuera por la destreza de quién lo preparó o fuera por la necesidad de celebrar lo que acababa de sentir, le pareció el mejor café con leche que se había tomado jamás.

Salió de la Cafetería El Oasis más entusiasmada de cómo llegó. Aún no había encontrado ningún argumento sólido para responder a la pregunta que se hizo en el camino de ida. Lo que, en cambio, sí pudo sentir con claridad meridiana fue un deseo incontrolable e improrrogable por sacudirse de encima las toneladas de mierda que había ido recogiendo a lo largo de su vida.

sábado 6 de junio de 2009

EL OASIS (4)

Y eso fue lo que hizo… dejarse llevar. Le ayudó el temporal que se cocía en la calle, el cuerpo de susto que acababa de conocer y la penumbra que invadía su estado de ánimo. Se puso de espaldas al grupito de viejos verdes para no enturbiar los designios de su imaginación, que le proponía un recorrido por un entramado de callejones sórdidos y lujuriosos. Se evadió de tal forma que su mente la transportó el cine, como protagonista de La Pasión Turca. Fuera por mimetismo o por solidaridad, el caso es que le fue muy fácil meterse de lleno en el personaje de Ana Belén y en adquirir sus mismas actitudes y comportamientos. Como el tiempo apremiaba, intentó obviar todas las escenas preliminares de Madrid y se ubicó mentalmente tumbada en el pasillo del autobús, ya en Estambul, tratando de mantener la misma abertura de piernas que la protagonista había logrado con la ayuda de los reposabrazos de los asientos para dar mejor acogida a los envites que le propinaba el guía local. Un guía que, gracias a la gentileza y velocidad de la imaginación, ahora lucía una melena ondulada y cobijaba su vigor asiático bajo un tejano de color negro.

Después de este primer apareamiento con el galán turco, la historia imaginaria transcurrió a cámara rápida hasta que se produjo una nueva cita en la trastienda del bazar. Y otra tras la columna de la mezquita. Y otra entre las sedas de su dormitorio. Y durante cada uno de los encuentros furtivos su mente se entretenía en describir los detalles más sórdidos y saborear las nuevas sensaciones que emergían de esa pasión virtual. La magia de esos momentos tenía su origen en las sacudidas firmes y precisas que ejecutaba su experto amante otomano y en la exquisita delicadeza en el trato que atendía a cada una de sus necesidades y deseos, poniendo en evidencia y en clara desventaja cualquiera de los repertorios que recibía de su marido.

La alegoría continuó sin cambiar ni una coma del guión original. Porque ella, además de querer sentirse deseada y poseída como el personaje de la película, utilizó la excusa del desenfreno para romper con la inercia que había tomado su vida. Más que perder su raciocinio entre las piernas de un extraño, lo que anhelaba por encima de todo era encontrar de nuevo a la mujer que se había diluido entre las apariencias de una familia ejemplar y las exigencias de un trabajo agotador.

EL OASIS (3)

Su descubrimiento del día, mejor dicho del siglo, quedó oculto tras la barra. Al momento, empezó a respirar notas de un perfume dulzón y, a la vez, conmovedor que con toda seguridad se habían desprendido de la piel de su camarero favorito. A ella no le gustaban los perfumes dulces… “Pero este es diferente”, se engañó. Mientras esperaba la aparición del hombre quita-hipos disimuló interesarse con la decoración del espacio. El bar era como todos los bares o cafeterías, o sea un tubo sucio, ruidoso y feo en el que predominaba una barra de madera sobre la que descansaba una bandeja refrigerada para los boquerones en aceite y la tortilla de patatas. Completaban el mobiliario cuatro taburetes negros de polipiel y una docena de mesas de fórmica mal distribuidas de color beige que combinaban con el alicatado de suelo y paredes. Había, sin embargo, algunos detalles que alejaban El Oasis del estándar municipal y que hacían difícil su clasificación. Para empezar el servicio. En pocos establecimientos con actividad diurna de la ciudad, y ella se pasaba el día cerrando tratos en las barras de los bares cercanos a los despachos de sus clientes, se podía admirar un personal de tan buen ver y con tanto potencial. La luz también era diferente. Varias lámparas de aceite ardían repartidas por todo el espacio y, allí donde no llegaba el resplandor, sencillamente no había luz. Como el día era cerrado, el brillo de las teas ganaba protagonismo y ayudaba a multiplicar la sensación de calidez que fue lo le atrajo cuando abrió la puerta por primera vez. Sorprendía el olor a especias que llegaba desde la cocina y que hacía sospechar que en aquel lugar se guisaban recetas del próximo oriente. Por último, lo que daba más carácter al bar y que, definitivamente justificaba su nombre, era el repertorio musical repleto de melodías árabes cantadas por intérpretes de voz aguda monocorde y que incitaban a relajarse y a dejarse llevar…

viernes 5 de junio de 2009

EL OASIS (2)

Llevaba diez minutos alejándose del trabajo y de la rutina cuando empezó a llover con timidez. Necesitaba dedicarse unos minutos y para ello precisaba encontrar un lugar, un rincón para protegerse. En la próxima esquina se adivinaba un bar. Le gustó el nombre: Cafetería El Oasis. Se sentó en la única mesa que daba a la ventana para contagiarse del frescor que venía de la calle y esconderse de las miradas chismosas que la intimidaron desde el interior del local. Dejó el bolso sobre el mármol, sacó la cajetilla de Marlboro y apagó el móvil, algo inusual en ella. Al poco, se le acercó el camarero para tomarle nota. El chico tenía mucho acento árabe y unos ojos de pecado. “Tráigame un café con leche, doble de café y en vaso de cristal, si puede ser, por favor”, dijo de carrerilla. Tuvo que apartarle la mirada porque se hacía daño de contemplar tanta belleza condensada en tan poco espacio. El mozo llevaba una media melena ondulada, negra como el carbón y muy bien despeinada. La faz de aquel adonis era perfecta. Destacaban los pómulos, grandes y romos como omoplatos, que, por el norte daban cobijo a unos ojos de las mil y una noches y, por el sur enlazaban con una amplia quijada decorada con una perilla fina y recién afeitada que, a su vez, le ponía límites a unos labios generosos. En cinco palabras: im-pre-sio-nan-te. No tuvo valor de mirarle al paquete pero intuyó que sería como un coche berlina, ancho por fuera y compacto por dentro. “Ahora mismo, señora, ¿desea algo más?”, le respondió el mozo. “No, gracias… bueno… sí, ¿tiene fuego?”, le preguntó alegrándose de haberse olvidado el encendedor sobre la mesa del salón. “Ahora mismo, señora”, se repitió el muchacho.

Los mirones seguían dando crédito a su apelativo. Pero ella, haciendo un ejercicio de auto-venganza por lo del paquete y dispuesta a no reprimirse mientras le durase el arrebato de excentricidad, esperó a que el morazo se diera la vuelta para echarle un repaso a su trasero. ¡Buf!. ¡Vaya irresponsabilidad de culo! Aquella protuberancia envuelta en tela tejana, también negra, parecía tan perfecta que hasta daba miedo echarle el ojo. Sorprendía comprobar cómo, a pesar del traqueteo que le daba su dueño y señor, el bulto permanecía en su sitio, inmunizado contra la gravedad. Aunque sabía que le quedaba otro desfile de ida y vuelta, aprovechó el tiempo para mirarle las espaldas que, visto lo visto, resultaron ser muy predecibles pero no por ello menos escandalosas. También se entretuvo en las piernas. Y el cuello. Y los antebrazos. ¿Quién ha dicho que no tengo capacidad de análisis?, se preguntó sorprendida al descubrir su nueva faceta de investigadora.

jueves 4 de junio de 2009

EL OASIS

Cerró el coche, se colgó el bolso al hombro y miró el reloj. Y aunque sólo pasaban cinco minutos de las ocho, se inquietó por llegar tarde al despacho en su primer día de trabajo post vacacional. Con unos movimientos más rápidos que precisos se azuzó el nuevo corte de pelo y la falda evasée con la que había hecho los últimos paseos vespertinos por las playas de la isla. Salió a la calle con la cabeza gacha y el paso ligero dispuesta a inaugurar una nueva temporada laboral que, salvo por el recién estrenado bronceado y las pequeñas bolsas que asomaban bajo unos ojos poco acostumbrados al mañaneo, empezaba tal y como había terminado. La entrada de la oficina estaba próxima. Le llegó el momento de componer la sonrisa radiante que todos sus clientes admiraban y de ajustar la postura corporal que la convertiría por arte de birli-birloque en una mujer esbelta y segura de sí misma. El cielo amenazaba tormenta.

Mientras se acercaba al umbral de su oficina notó la ausencia del portero que cada mañana le daba la bienvenida con una mirada atrevida. De repente, en lugar de apoyar su mano en la puerta de cristal se dejó llevar por el sentido de supervivencia, cerró los ojos y pasó de largo. A medida que se alejaba del edificio y al tiempo que recuperaba el paso y la respiración habituales empezó a tomar conciencia de lo que estaba haciendo. Mientras se sorprendía de no estar sorprendida intentó responderse a una pregunta recurrente en sus noches veraniegas de insomnio y que ahora tomaba más sentido que nunca: ¿Dónde voy?

miércoles 3 de junio de 2009

LA TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO ÍNTIMO

En una entrevista que publica hoy El Periódico de Catalunya, Enrique Rojas sintetiza el concepto del amor como el descubrimiento de uno mismo fuera de uno mismo. Me encanta esta definición, me hace mucho sentido. Cuando me preguntan cómo saber si estamos enamorados de alguien siempre respondo que basta con sentir que esa persona nos saca lo mejor de nosotros mismos. Así es como entiendo el amor, como un sentimiento muy fluido que nos pasea por un jardín bucólico donde descubrimos nuestra mejor versión, nuestra mejor cara. Los celos, los cabreos, las mentiras o los sufrimientos son, a mi entender, síntomas de desamor. Ah… y a mí no me vale eso de “Bueno, hay veces que me siento un desgraciado pero al final compensa.” Ni hablar. Eso no es amor. Eso será una necesidad imperiosa de sentirse querido por alguien y justificar su despecho a costa de lo que sea con tal de no poner en peligro las limosnas de cariño recibidas. O será otra cosa, pero no amor. El amor, para mí, tiene que reforzarnos como seres humanos, revalorizarnos, reivindicar nuestro lado más genuino.

También creo que amor y relación son conceptos que no siempre van de la mano. Podemos amar a alguien con locura y no necesariamente ser capaces de mantener una relación de convivencia. Existen muchas creencias limitadoras relativas a la forma en que hay que amar. Parece que no amas a una persona si no te casas con ella, vives bajo el mismo techo y formas una familia. Afortunadamente, cada día se ven más y más ejemplos de personas que, sin renunciar a su identidad y su autenticidad, diseñan modelos de relación con sus personas amadas que se alejan de los patrones preconcebidos por la evolución cultural.

martes 2 de junio de 2009

LA ZOZOBRA NOSTÁLGICA

El domingo estuve en una divertidísima comida entre amigos frente al mar. Una de las comensales, neófita en el grupo, se mantuvo bastante marchita y silenciosa por culpa, según supe más tarde, de un amante que puso pies en polvorosa. El maromo estaba casado y parece ser que le entró canguelo con lo que estaba sintiendo y volvió al redil, echando tierra de por medio.

No es la primera vez que escucho una historia como ésta. Chica se enamora de chico casado. Chica y chico follan como descosidos. Chico casado promete el oro y el moro. Chica se entusiasma. Chico levanta el vuelo. Chica se queda con un palmo de narices esperando el aterrizaje de su gavilán.

A mí me pasó algo similar. Estuve seis años esperando algo que nunca acababa de llegar. Hasta que me subí a un barco para descubrir nuevos océanos.

lunes 1 de junio de 2009

NO, NO ESTOY; ME HE PUESTO MALO O ME HE IDO DE VACACIONES

Si hay una persona con la que desearía no haber follado esa es Daniela. La conocí un viernes de hace mil años en el bar de un hotel mientras compartía copas con un socio y amigo. Cuando cruzó el umbral de la puerta enfundada en un mini vestido negro a juego con su melena tiznada y voluptuosa moviendo sus curvas sobre unas sandalias de tacón vertiginoso, no nos quedó otro remedio que cortar la conversación para convencerla de que lo mejor que le podía pasar a su vida en esa tarde de verano era sentarse con nosotros. Nunca entenderé por qué esta mujer aceptó la invitación ni por qué, al salir a la calle, me eligió a mí en lugar de a mi socio; el caso es que se pasó todo el fin de semana en mi cama ofreciéndome uno de los repertorios amatorios más heterogéneos que he conocido; entre los que se encontraba una extraña habilidad para hipnotizarme con los vaivenes de su vientre tatuado.

Al cabo de dos años, cuando ya me había olvidado del color de sus ojos y sólo me quedaba el regusto de un baile magnetizador, esta chica se apuntó a la moda de los reality shows y se convirtió en un personaje muy famoso. Y muy rico. A raíz de unos hechos que se haría largo explicar, la cabrona en cuestión dijo mi nombre en un par de medios de comunicación para utilizar mi condición de discapacitado en un intento de limpiar su deteriorada imagen. Por esa época, yo estaba realizando un proyecto en una empresa farmacéutica y cuando me enteré del puñal que esta zorra acababa de clavar en mi identidad pública me vine abajo al imaginarme qué sería de mi reputación caso de que la noticia llegara a los oídos de los mandamases.

Finalmente, y afortunadamente, no pasó nada. Meses más tarde recibí una invitación para asistir a la presentación de su primer libro y la decliné amablemente. Hasta hoy no he vuelto a saber nada más de esta terrorista mediática. Ha sido en el paseo frente al mar. El mismo que transito cada mañana. El mismo que presenció nuestro primer morreo. Ha sido ella quien me ha reconocido y se ha acercado para saludarme y mantener una conversación de ascensor. Buenos días, qué es de tu vida, qué haces por aquí, que te vaya bien, ciao.

No, ciao no, monada. Se dice adiós.

CHISPAZOS DE FELICIDAD (3)

- Despertar antes de que suene la alarma y darte cuenta que aún te queda mucho tiempo para seguir durmiendo.
- Ser el primero en pisar el jardín recién nevado.
- Llegar a una parada de autobús y ver que justo en ese momento gira por la esquina un vehículo con el número de tu línea.
- Mirar una de tus películas favoritas y descubrir a mitad de la trama que no recuerdas cómo transcurre el desenlace final.
- Ceder el paso a un coche en la carretera y observar el brazo de su conductor alzarse por la ventanilla en señal de agradecimiento.
- Sacar de una pieza la carne que rellena las pinzas de un bogavante y llevártela toda a la boca.
- Vaciar una bolsa de palomitas recién salida del microondas en tu bol favorito y constatar que no hay un solo grano sin explotar.
- Mover el pie justo en el momento que se cae un vaso y comprobar que gracias a ese gesto has conseguido evitar que se rompa.

CHISPAZOS DE FELICIDAD (2)

- Comer una ensalada y descubrir que el tomate sabe a tomate.
- Avistar una gasolinera justo en el momento que se acaba de encender la luz de la reserva del depósito de gasolina de tu coche.
- Dar la vuelta a la almohada para sentir el frescor de la parte anterior que estaba en contacto con la cama.
- Recordar, ¡por fin!, el nombre del actor que ha estado en la punta de tu lengua desde que un compañero de trabajo te preguntó quién protagonizó una determinada película.
- Comprobar que, de repente, la velocidad del ADSL se ha multiplicado por dos.
- Poder apoyar los dos codos en los reposabrazos del asiento del cine.
- Despertarte a media noche muerto de sed y encontrar una botella de agua en tu mesita de noche.
- Pedirle a un amigo que te rasque la espalda justo en el punto donde no alcanza tu mano.

PRIAPISMO PECTORAL

- ¿Cómo estás?
- Uffff… voy caliente como una perra. Tengo los pezones para rayar cristales.

CHISPAZOS DE FELICIDAD

- Encontrar un billete de veinte euros en el bolsillo de una chaqueta vieja.
- Ver cómo la dependienta de la pastelería escoge el cruasán que tú habías elegido cuando miraste la bandeja antes de pedirlo.
- Descubrir que aún queda una patata frita en el fondo de la bolsa que ya dabas por finiquitada.
- Secarse la cara con una toalla recién salida de la secadora.
- Conseguir sacar la pestaña del ojo que ha estado tocándote los cojones durante todo el día.
- Escuchar de un tirón dos o tres de tus canciones favoritas en la radio cuando vas con el coche de camino a tu lugar de vacaciones.
- Pasear tu lengua por los dientes después de salir de una sesión de higiene bucal en el dentista.
- Conducir por una carretera y ver una pareja de cigüeñas en un nido.
- Pensar en un amigo que hace tiempo que no ves y recibir una llamada suya en ese preciso momento.

domingo 31 de mayo de 2009

UNA MEMEZ

En la página 65 de El Periódico de Catalunya se publicó ayer este anuncio donde aparece, traducida al catalán, la palabreja que elucubré horas antes de la final de Roma. Sinceramente, me hubiera gustado verla más en la portada, pero tampoco se puede pedirle más a mi primera incursión en el mundo periodístico.

viernes 29 de mayo de 2009

BOY MEETS BOY

Entró en la oficina decidido a saludar a su aparejador y a romper, por fin, con la farsa que había predominado su vida. La huella que este universitario estaba labrando en su cuerpo era tan profunda que había conseguido superar la vergüenza propia de un arquitecto de renombre para exponerse al ojo público sin pudor. Y, sí, sabía que los besos con aquel chiquillo eran obras maestras, efímeras e irrepetibles que sólo se edificaban desde el andamio de la irreverencia; de la misma manera que sabía que con esos ademanes adúlteros, tan impropios de su madurez, estaba poniendo en peligro toda la fachada exterior que había encofrado a base de cemento armado.

Esa mañana de viernes se sintió audaz, reverdecido, maricón. Empezaba a coger el gusto a este proceso de autodestrucción de su estructura de coherencia que le permitía aproximarse a la maqueta de niño rebelde que él mismo estaba empezando a edificar de forma artesanal. Entre las toneladas de papel y de obligaciones que plagaban su agenda, lo único que le importaba de verdad era que dentro de pocas horas volvería a tener la polla de su eunuco entre sus nalgas, bajo su paladar.

miércoles 27 de mayo de 2009

TRIPLETÓRICO

Estaba volviendo a casa bajo un calor abrasador, cuando, pensando en la final de hoy y en los tres campeonatos que puede conseguir este Barça, se me ha ocurrido la palabreja que da título a la entrada. He pensado que sería un buen titular periodístico, caso de ganar la Champions y culminar una temporada histórica, así que he buscado en Google por si alguien ha tenido la misma ocurrencia. Como no he encontrado resultados, le he enviado un mail al director de la sección de deportes de mi cabecera favorita invitándole a utilizar la palabra. “Ojalá me vea en el dilema de tener que ponerlo. Gracias por tu fidelidad.”, me ha contestado amablemente el periodista. De nada.

Y visca el Barça.

ESTOY AQUÍ

Se dejó engullir por el sillón que presidía su salón y que aún olía a fábrica y disolvente. El recuerdo de la conversación aún seguía fresco, pero su mente sólo le dejaba reproducir el tierno beso de buenas noches que acababa de recibir. Los labios que escuchó eran dulces como el membrillo y estaban llenos de teamos. Tantos como los que poblaban su corazón. Cerró los ojos sin querer.

"Este sillón es demasiado duro", pensó antes de rendirse al cansancio.

UNA OFERTA TENTADORA

Al final todo es más sencillo, mucho más sencillo. Y se resume en una palabra: aceptación. Aceptación del pasado, del presente, del momento, del otro, de mí mismo. Profunda aceptación. Aceptación radical, incondicional. Para reconocerme como un legítimo ser y poder ser capaz de reconocer al prójimo como otro legítimo ser. Y, así, entregarme y abandonarme para alcanzar el bienestar, el nirvana.

Me acepto. Te acepto.

martes 26 de mayo de 2009

IO SONO TURBATO! (2)

Diezmado de manos, he decidido utilizar mi propia lengua para calmar mi arrebato. El primer paso ha sido realizar un minucioso paseo con mi apéndice a lo largo del cierre interno de los labios empleando la misma lentitud y concentración que maneja un sommelier a la hora de evaluar un nuevo caldo. Izquierda. Arriba. Derecha. Abajo. A continuación, he recorrido el velo de mi paladar deteniéndome en cada milímetro de piel, como hace el zahorí cuando rastrea la superficie de los campos de secano en busca de manantiales de agua fresca. Sentía mi propia humedad, mi propio calor. Me he besado a mí mismo, me he mordido, me he chupado. Las encías. Los dientes. Toda mi boca estaba en plena sintonía con el placer, que dirigía con maestría el estreno de esta partitura imaginaria. En este nuevo territorio he experimentado un repertorio inédito de acordes que me han trasladado a una palco inhóspito y reveladoramente excitante de mi onanismo. Y he permanecido un buen rato merodeando por este jugoso escondite sin dejar de mirar a mi musa que seguía con la boca abierta camuflada entre burbujas con olor a sal. Bravo.

IO SONO TURBATO!

Hay ciertos momentos del día que me descubro con el pulgar enchufado en la boca, como lo hace un bebé que añora su dosis diaria de pecho materno. Son intentos desesperados para mitigar unilateralmente la melodía de estímulos que componen mi efervescencia sexual. Este mediodía ha sido uno de esos momentos.

El sol abrasaba y me abrazaba durante mi habitual trayecto terapéutico frente a la playa. La leve brisa primaveral azuzaba las brasas que aún chispeaban en mi memoria como consecuencia de un tórrido sueño que había tenido con mi musa. Mientras lo rememoraba, he mirado al horizonte y la he visto sumergida entre apacibles olas que manaban de su melena. Era ella, desnuda y con la boca entreabierta; la misma que acababa de arder entre mis brazos… a través de mis dedos… junto a mis labios. La he mirado fijamente a los ojos para hacerla más real y, al instante, he notado un pinchazo en el centro de mi vientre. A continuación, con la misma rapidez con la que reacciona el azufre ante una fuente de calor, he sentido un deseo brusco por besarla que galopaba a través de mi garganta. En ese mismo momento, he querido repetir el ademán infantil que he ido incorporando a mi repertorio gestual, pero he desistido porque tenía las manos ocupadas con la silla y la vergüenza demasiado expuesta al ojo de los transeúntes. Tocarme la boca se ha convertido en una obsesión casi adictiva. Y ahora, necesitaba mi dosis diaria.

lunes 25 de mayo de 2009

TIENE QUE SER ESO

“¿Has visto la luna?”, me preguntó con la cabeza ladeada hacia mi hombro mientras me asía del antebrazo con dulzura. Yo iba a contestarle una intrascendencia pero algo que me salió de muy dentro me hizo quedarme en silencio y detener el caminar para acoplarme con su mejilla que miraba hechizada hacia el gigantesco destello que aluzaba con embrujo la última noche de mayo. Una brisa refrescante merodeaba por los aledaños del silencioso cuadro que acabábamos de dibujar invitándonos a arremolinarnos un poco más, como cachorros recién nacidos que se buscan a través de la madriguera y canjean su calor a la espera de la llegada de mamá. Nos quedamos así durante un buen rato. Inmóviles, extasiados y pegados; ajenos al paso del tiempo y a la curiosidad de las miradas vecinas. “Esto es muy grande”, susurré sin apartar la mirada del resplandor que se abría paso entre los plataneros del paseo.

No era grande. Era gigantesco. Mayúsculo. Mi alma volaba por el sexto cielo sin saber qué hacer con el cúmulo de felicidad que se apiñaba en mi garganta. Nunca antes, ni en mi vida de estudiante ilustrado ni en la de profesional reputado, ni siquiera en el de esposo aparente, había sentido semejante torrente de gozo, de bienestar, de plenitud. Aquello no podía ser sólo amor, tenía que ser algo más inexplicable; menos convencional. “Es que no somos nosotros los que nos tenemos amor, es el amor que nos tiene a nosotros”, dijo mi diosa con una voz confitada y solemne. “Estamos a su merced y nuestra única misión es honrar este regalo que nos han dado”.

A mí, esta meditación me sonó a cántico celestial, a verdad universal e incuestionable y me hizo tanto sentido que me puse en manos de la energía ancestral que me brotaba del vientre y que, en ese preciso instante, me proponía cerrar los ojos y acercar mis labios a los de mi musa para empezar a cumplir con el sagrado encargo que me había sido encomendado.

POLÍGLOTA

Separados somos palabras, juntos un poema.

You cannot discover new oceans unless you have the courage to lose sight of shore.

Qui té ulls per veure i orelles per escoltar es convenç que els mortals no poden encobrir cap secret.

domingo 24 de mayo de 2009

LA PETITE MORT

Hacía nada que su cuerpo acababa de tambalearse de placer cuando, incapaz de ahogar los gemidos que ponían en evidencia sus ganas de recaer en la lujuria, lo miró a las entrañas para pedirle más. Sin muchos preámbulos, se deshizo de las braguitas de encaje que había estrenado para el festín con la misma bravura que emplea el torero para arrojar su engaño y arrodillarse frente a su amado enemigo para retarlo a muerte. Es lo que ella quería: morir de placer; entregarse violentamente a aquel deseo tan nuevo y animal que aullaba desde lo más recóndito de sus genitales. Se sentía prisionera de su propia vulnerabilidad; pero era ahora o nunca. O se lanzaba al ruedo para exponer su integridad a los designios del destino o se mantenía tras la línea de fuego como tantas otras veces le había sugerido su cobardía.

Al final, ganó el valor, la desvergüenza. Trepó por su entrepierna a lo mujer vulgar mientras se excitaba pensando en cómo reaccionaría su miembro al cálido baño de bienvenida que le había preparado. Antes de agitar sus caderas, buscó la mirada de su compinche entre la penumbra moruna que entretejían las velas de la habitación. “Esto va por nosotros” – le reveló en silencio, sabedora que el brusco viaje que acababa de empezar a las grupas de su salvaje inconsciencia sólo la podía llevar a un lugar próximo al paraíso.

…/…

“No sé si aguantaré tanto placer” – le confesó antes de sucumbir al primer gatillazo. Cayó sobre su hombro fulminada y empezó a aullar sobre su piel suspendida en la más maravillosa de las agonías.

…/…

La noche se quedó con ellos un rato más. Él ladeó su rostro de corsario para oler el suyo y la miró como nunca antes lo había hecho. Ella estaba hechizada. Perturbada. Escandalizada. Rendida. Fue la primera vez en su vida que sintió que ya se podía morir.

LLOVIENDO BAJO LOS CEDROS

Bum bum… bum bum… Su cuerpo empezó de nuevo con el traqueteo. Bum bum… bum bum… Esta vez la pilló hablando con su jefe acerca de las acciones promocionales para la nueva colección de primavera. Cruzó las piernas con cautela para amordazar los redobles de su tambor genital que se empeñaban en ponerla en evidencia ante las situaciones más comprometidas. La mesa de caoba se convirtió en su aliada. Bum bum… bum bum… Se sentía avergonzada y ridícula por su incapacidad manifiesta en gestionar este descontrol, pero por encima de todo, mejor dicho, por debajo de todo se sentía una mujer colmada. Abarrotada. Valiente. Se enganchó a ese sentimiento y empezó a balancear su pierna derecha. Arriba y abajo. Sin prisas. Sin pausas.

…/…

Apretó las nalgas con fuerza y bajó la mirada para gozar del orgasmo en solitario. Un olor a cedro se coló por la ventana. Era él que venía a acariciarla con su mano de terciopelo.

…/…

Bum bum… bum bum.

HARA

Tomó su decisión en el minuto uno, hace ahora un lustro. Aquel hombre de valor incalculable que la trepanó como nadie con su mirada templada era para ella. Algún día sería su hombre y se preparó para ir a buscarlo donde quiera que se escondiera. Estaba dispuesta a apostar toda su vida por él.

…/…

En la fiesta de verbena se sorprendió alzando la vista con orgullo. Junto a él fue capaz de corregir el foco de su mirada y, en lugar de entretenerse en los zapatos de los demás, empezó a fijarse en los suyos y en la estela luminosa que iba sembrando tras su transitar. Esa noche de fuego y solsticio entendió que la primera etapa de la aventura del amar empieza en el regazo privado. Brindó por ello.

…/…

Gracias a sus gestos conoció la verdadera naturaleza de aquel ser humano. Lo miraba y le hacía el amor. Sus palabras resonaban en su vientre con una rotundidad aplastante. Y poco a poco, ajena al mundo que le habitaba y en el mas reconfortante de los silencios, se entregó a él.

…/…

Por las noches se escondía entre las sábanas de popeline y lloraba como una adolescente dándole las gracias a la vida no sólo por descubrir en su interior el amor que era capaz de dar sino por permitirse disfrutar de todo el amor que estaba recibiendo.

sábado 23 de mayo de 2009

FIJACION ORAL

Era tanto el poder que su boca ejercía sobre mi lívido que con sólo mirarla me fundía de placer. Sin perder de vista su perfil de adonis, y con mi cuerpo recién convulsionado, le pedí que se tocara los labios tal y como lo acababa de hacer con mi vagina. Él accedió complaciente entreabriendo lánguidamente el telón de su boca para liberar un suspiro que me erizó el pescuezo. Acto seguido dejó asomar la punta de su lengua para lubricar la escena y se metió el pulgar hasta la garganta. Su dedo entraba y salía con toda la contundencia que había imaginado. Verlo así, dándose placer, colmaba una fantasía a la que recurría con regularidad para satisfacerme en la soledad de mi cama. A partir de ese momento, me sentí desbordada de gusto y acudí a la llamada de mi clítoris que exigía desesperadamente un poco de atención.

…/…

- ¿Quieres que… ?
- Psss…
- Es que…
- Mírame a los ojos…

Me miró tan adentro que sentí el mismo chispazo del primer día. Una luz celeste rellenó nuestro silencio de contenidos. Y todos le daban significado a la palabra amor.

GETTING PRETTY

Cuando escuchó el chasquido de sus cervicales aprovechó para tomar una bocanada de aire y llenarse de relajo. Esa fue la señal que utilizó para dejarle bien clarito a su rutina que a partir de ese momento empezaba su ansiado fin de semana y que, por encima de todo y de todos, no iba a permitirle ningún acelerón. Se desvaneció en el viejo sillón de poliuretano negro abandonándose al cariño de su peluquera que ahora se entretenía en desentumecer cada uno de los sinsabores que la vida le había incrustado en el cogote. Alentada por la familiaridad del lugar abrió la boca para exagerar el bostezo y cuando volvió a cerrarla miró la escena que se retransmitía a todo color desde el espejo de enfrente.

Era una función que le sonaba familiar. El mismo secador de pelo con sus arcaicos apliques dorados. El mismo elenco de cuidadoras ofuscadas en embellecer fachadas pero incapaces de adivinar el verdadero motor de una sonrisa. La misma canción de Serrat. El mismo olor a cosmético caro. El mismo mosaico de colores en el suelo. Todo se repetía con la risueña monotonía de siempre bajo la atenta mirada del añejo moño de la patrona que sobresalía por encima de una trajinada revista del corazón. Todo, salvo un pequeño detalle que pasaba desapercibido a unos ojos extraños. Era ella que hervía por dentro ante el inminente encuentro con su amado; el único hombre que había sido capaz de indagar detrás de gruesas capas de salazón y descubrir la verdadera naturaleza de su hermosura.

viernes 22 de mayo de 2009

APERI OCULOS

Hacía tan sólo unas horas que había explotado de gozo transgrediendo el penúltimo de los tabúes cuando sintió que su vagina volvía a la carga. Desvió la mirada para examinar el rostro de su hombre en busca de una mueca que le permitiera iniciar un nuevo abordaje; pero una vez más se desoló al comprobar que aquellos ojos seguían tanto o más cerrados que las últimas cinco intentonas anteriores. Se preguntó si estaría soñando con ella. "Quizá" -se consoló. Optó por diluir la espera con un cigarrillo y regocijarse en el placer perverso que supone prorrogar deliberadamente la culminación de un evento anhelado. Se entretuvo en el entreacto de la nueva función paseando plácidamente por el boulevard de sus recuerdos. ¡Qué distinto era todo ahora! Había pasado de las caricias torpes con un cuerpo desconocido al pleno reconocimiento de su placer. Disfrutaba como nunca del sexo y de las horas tránsfugas, esas horas que uno elige adrede para derretirlas al calor de la fantasía y gozar del otro sin límites. Ahora se daba permiso a sí misma para afrontar cada encuentro como si fuera el último y cada día se gustaba más en su traje chaqueta confeccionado a base de morbo, fragilidad y desinhibición.

Ahora sí. Decidió despertarlo con su mejor arsenal. Para ello utilizó una banda sonora con el repertorio más tórrido de Nina Simone y se plantó en el cabezal del sofá enfundada en el más estilizado de los desnudos. Una vez allí, no dudó en abrirse de piernas y colocar su coño gelatinoso a medio palmo de la cara de su amante. Era la primera vez que se permitía semejante osadía y, como tantos otros atrevimientos recientes, se le reveló subversivamente provocador.

Con el alboroto, él abrió ligeramente los ojos y los volvió a cerrar de inmediato. Era tan jugosa la estampa que acababa de fraguarse en su retina que le hizo pensar que aún estaba soñando. Las notas de "Seems that I'm never tired lovin' you" le despejaron las dudas. Y la mente. Y alentado por el entusiasmo de su entrepierna no dudó en abrir la boca y sacar la lengua para saborear el jugoso néctar que empezaba a brotar de aquel dilatado manantial.

TE CUENTO UN CUENTO

Me acercó su mano con tanta exquisitez que acepté sin rechistar la invitación y me subí a su grupa de un brinco. Ella entornó la palma para ampararme del sol con la misma delicadeza que emplea el orfebre en modelar una alhaja. Me sentí halagado, avalado, dispuesto a exprimir todo el jugo que me ofrecía la aventura para compartirla después en la tertulia vespertina junto a mis correligionarios de charca. “Crrroaaac... crrroaaac” –contesté con alborozo. Cuando me tuvo bien asido, inició unos cánticos pueriles mientras me paseaba por los umbrales de la campiña para mostrarme su heredad. Sus movimientos eran tenues y pulcros y hablaban por sí mismos del autor que los apadrinaba. En un receso, acercó su dedo índice a mi rostro para husmearme de cerca. Aproveché para abrir la mirada y hacer lo propio. Y me emocioné con el retrato que descubrí. Unos rayos dorados parpadeaban a través de su melena que caracoleaba alborotada por encima de sus hombros desnudos y tostados hasta cubrir unos pezones vigorosos que auguraban la llegada del primer período. Su rostro, aún cándido, aparecía pacífico, gentil y armónico y sonreía con franqueza entre labios de algodón.

“Me llamo Julia –me susurró en voz baja acercándome aún más a su cara-. Y tú, ¿quién eres?”. Fui incapaz de responder. Notaba, eso sí, el diálogo íntimo que se entablaba a través de nuestras miradas. Mudo de emoción, me apoyé en la efervescencia del momento para desplegar mis ancas y besarla exiguamente en los labios. Ella cerró los ojos intentando no desfallecer. Cuando los volvió a abrir se había convertido en la princesa más bella que jamás se pasearía por el mundo.

miércoles 20 de mayo de 2009

TRANSPORTE A DISCRECIÓN

Cuando volví la cabeza hacia su ventana, mi copiloto ya se había quitado la ropa y la había depositado delicadamente sobre el asiento trasero. Era hora de embestirnos. Eso pensé. Ella me miraba impúdica, altanera desde su desnudez, acercándose hacia mí con intimidación y en silencio. Por un momento, dudé en obviar esa proposición tan desvergonzada, pero la distancia hasta el hotel se me hacía tan interminable que preferí zanjar el asunto de forma precipitada.

Arrimé el coche en un recodo y apagué las luces de posición. La lujuria se había apoderado tan soezmente de mi voluntad que me forzó a abalanzarme sobre su piel para poseerla en medio de la noche.

En el trajín, incrédulo por la holgura de la cavidad que me recibía, disparé un gemido pegajoso en señal de rendición.

PRÓLOGO

Hay momentos en que la vida se presenta con todas sus credenciales y muestra su lado más pérfido, su cara menos amable, su perfil más serio. Son como fogonazos existenciales que aparecen por sorpresa y a traición y destruyen zonas vitales que nunca más volverán a regenerarse; como chispazos sobrecargados de realidad que se plantan en nuestras narices y nos dejan indefensos, estupefactos e inmóviles y aniquilan con saña y de un plumazo cualquier resquicio de inocencia, confianza o alegría que pudiera merodear por los jardines de nuestro vivir.

Y hay otros momentos en que somos nosotros mismos quienes nos convertimos en descubridores de vida y la rescatamos atrapada entre los cascotes de una palabra ahogada, escondida tras los visillos de un gesto invisible o remetida bajo el colchón de la vergüenza. Secretos que sin saber ni querer surgen con todo su esplendor para remover nuestro pasado, cuestionarnos el presente e iluminarnos en el futuro.

ARTE SANO

La besé tan violentamente que le arranqué de cuajo la boca del estómago. Ella, ciega de placer, se puso a merced de sus instintos y arqueó la espalda con la suculenta intención de rellenar tan repentino vacío con el abultado mamotreto que le proponía mi desesperación. Además de sus jadeos inconexos que rajaban el silencio de la habitación, un destello inesperado llamó su atención. Era mi glande, rojo como un madero en ascuas, que centelleaba incandescente en la embocadura de su fragua, donde un par de ribetes encarnados, a modo de comité de bienvenida, me mostraban el acceso a la hoguera principal.

Una vez dentro, con el cuerpo empapado de sal y la mente anestesiada por el exceso de testosterona, empecé a sacudir mi cadera con compases secos, resueltos y certeros; los mismos que aplica el escultor a su cincel para transformar una roca fría y áspera en una sugestiva y reveladora emoción.

VIAJE INTERIOR

Era de noche y acechaba un calor extraño, impropio de una noche primaveral. Nuestros cuerpos, extenuados y desnudos, reposaban hundidos en el colchón tras un fin de fiesta cargado de expresión y explosión en el que, una vez más, habíamos sido capaces de ir más allá y desenmascararnos con inéditos placeres y turbias aproximaciones que, de tan oscuras, habían revelado nuestro lado más ilícito y negligente. Atrás quedaba una sesión inconexa y atronadora en la que se oyeron gritos, llantos, cánticos y risas y en la que, rendidos ante la manifiesta locura que se había instalado en nuestras neuronas, pudimos enfilar el ocaso hacia la barbarie y el libertinaje. Nuestros cuerpos, básicos y salvajes, se habían acariciado con arañazos y mordiscos y se habían retorcido al encontrar el placer en zonas tan inverosímiles como ridículas. Todo fue válido en esa orgía de deseo, amor y entrega a la que nos habíamos rendido poseídos por una fuerza exorcista que nos conectó mágicamente y permitió despojarnos de nuestro recato para experimentar con la gula del vicio.

Me desperté por culpa de una resaca madrugadora y una temperatura que ofuscaba el ambiente. Estaba encendido, sobreexcitado. Una luz de luna llena rompía la ventana y se paseaba por el cuerpo explícito y extenuado de mi amante. Su espalda, aún mojada, certificaba la virulencia de una pelea frenética que había culminado en el orgasmo más intenso que ningún ser humano pueda experimentar jamás y que le había sacudido el alma dejándola sin sentido y sin aliento. Respiraba agitada, inerte. Con el miembro envarado, miré y admiré su anatomía y me ladeé con suavidad para respirarla y atiborrarme del olor a sexo que brotaba de sus poros. Acerqué la mano por la retaguardia de su vagina que, intuyendo el envite y siguiendo instrucciones de la naturaleza, empezó a ensancharse como un globo aerostático. Inicié la maniobra introduciendo con timidez mi dedo anular; pero, sorprendido con las dimensiones que adquiría el habitáculo y amparado tras mi ansia exploradora, dejé que aquel extraño orificio engullera mi mano sin contemplaciones. Viendo que el espacio toleraba más holgura, le ofrecí el brazo. Y luego el otro brazo. Y seguí con los hombros, las piernas, el tronco... y la cabeza también. Y en cuestión de segundos, sin saber cómo ni porqué, me encontré recostado y acogido en las profundidades de su sexo.

Ahí dentro hacía un calor amable y olía a eternidad. Antes de acurrucarme entre las almohadas de sus entrañas bebí un poco de su ser. Lo justo para quedarme dormido como nunca y para siempre.

domingo 17 de mayo de 2009

CONDENADOS A SER LIBRES (2)

Miquel era el más veterano del grupo. Llevaba cerca de treinta años, desde los trece, en una silla de ruedas. Cuando la facilitadora le preguntó cuáles eran sus principales preocupaciones por el hecho de ser tetrapléjico, él no hizo referencia ni a las incontinencias, ni a las llagas, ni a la falta de sensibilidad que tanto preocupaban al resto de contertulios. Para él, todas estas incomodidades formaban parte de su condición y las había asumido como tal. “¿Cagarme encima? –se preguntó con desparpajo-; eso es una minudencia si lo comparamos con el derrame de sangre mensual que tienen las mujeres.”

La verdadera tortura para Miquel era no disponer de los medios económicos para tener una vida independiente. Según él, más que la inmovilidad física, lo que verdaderamente estaba aprisionando su bienestar era el yugo psicológico que supone depender de su madre para levantarse de la cama cada día. “Hay mañanas –decía con un nudo en la garganta- que veo a mi madre tan cansada que decido quedarme en la cama todo el día para no sentirme tan desgraciado.”

Entiendo perfectamente a Miquel. No hay sentimiento más cabrón que renunciar a vivir un tipo de vida por razones económicas. Por eso estoy tan agradecido de poder disponer de los medios para vivir solo en mi casa y contratar a las personas que se hacen cargo de mis necesidades cotidianas.

sábado 16 de mayo de 2009

VERBIGRACIAS (2)

Cuando el poder del amor supere al amor por el poder el mundo conocerá la paz.
Jimi Hendrix

Puedes quejarte de que las rosas tienen espinas, pero también puedes celebrar que las espinas tienen rosas.
Anónimo

A menudo subestimamos el poder de una caricia, una sonrisa, una palabra amable, un oído atento, un cumplido honesto o el más sencillo de los gestos de cariño. Cada uno de ellos tiene el potencial de cambiar una vida.
Leo Buscaglia

Nunca dejamos de amar a alguien. Simplemente aprendemos a vivir sin él.
Tupac

El dolor era como una quemadura o un ahogo, que no paraba, insoportable. Quería desmayarme, abandonar mi cuerpo. Cuando no puedes soportar algo pero tiras adelante, la persona que sobrevive ya no eres tú; has cambiado y te has convertido en otro ser, una nueva persona, aquél que sí pudo soportar tanto dolor depués de todo.
“Soon I will be Invincible” de Austin Grossman

viernes 15 de mayo de 2009

EL INCIDENTE HOLLISTER

La disreflexia es una disfunción muy común entre los lesionados medulares que se produce cuando se genera un estímulo irritante en el cuerpo por debajo del nivel de la lesión y que provoca un aumento considerable de la presión sanguínea hasta límites comprometidos. Las causas de la disreflexia pueden ser de origen muy variado: bloqueo del catéter, infección urinaria, intestinos muy distendidos o irritados, constipación, hemorroides o infecciones anales, irritaciones o abrasiones en la piel, llagas por presión, ropa apretada, transtornos abdominales, fracturas óseas, …

Esta mañana, de camino a la ortopedia, he sufrido un ataque de disreflexia que me ha tenido todo el trayecto con el corazón a mil y la cabeza dando zambombazos. De vuelta a casa, ya en la cama, he descubierto el origen del descontrol: los tejanos han estado ejerciendo un exceso de presión en mis cojones hasta dejármelos tan encarnados como las bombillas de un bar de putas de carretera.

jueves 14 de mayo de 2009

OBVIOUSLY

Puestos a mirar las cosas desde una perspectiva más global, he sentido curiosidad por saber cuáles son las palabras que más utilizo cuando escribo. El resultado es el que aparcece en la fotografía de cabecera de este post. Me alegra poder confirmar que “vida”, “mujer”, “persona”, “amor”, “ser”, “sí” o “hacer” forman parte de mi vocabulario más frecuente. De alguna manera, siento que cada uno de estos vocablos podrían ser el título de mi banda sonora vital.

CHANCES ARE

Esta tarde, a las 19:10h, hará exactamente quince años que me quedé tetrapléjico. Es la primera vez en todo este tiempo que me acuerdo de este aniversario antes de que se materialice. Lo normal es que pasen varios días, incluso semanas, hasta que me doy cuenta de que ya he pasado un año más en silla de ruedas. Puede que los causantes de esta repentina catarsis memorística hayan sido los últimos posts que he escrito en relación a la descripción de mi accidente o a la reunión con otros colegas de condición. El caso es que ya llevo un tercio de mi vida con la movilidad reducida… ¡y parece que fue ayer!

El sentimiento que me aflora cuando me paro a pensar en esta conmemoración es bastante anodino e intrascendente. Lo que sí suelo hacer en esta vista de pájaro existencial es pensar en el tiempo que me queda por vivir. Según las estadísticas que circulan por la red, la esperanza de vida de un tetrapléjico es un 15% más baja que la del promedio de la población, lo que significa que dentro de dieciocho años me tendré que bajar de este tren llamado vida. Antes, frente a una evidencia así, me hubiera deprimido como una madalena fofa. Hoy me lo tomo con parsimonia y mucha distancia y en lugar de encasquillarme en pensamientos inútiles me pongo a pensar en lo que tengo que hacer dentro de unas horas.

martes 12 de mayo de 2009

CONDENADOS A SER LIBRES

Ayer participé en una entrevista grupal con otras personas tetrapléjicas como parte de un estudio que está haciendo una universidad catalana en colaboración con un hospital de referencia en lesiones medulares cuya finalidad es conocer en primera persona las vicisitudes que sufre en su proceso de rehabilitación una persona que pierde su movilidad de sopetón. Nuestro grupo estaba formado por cinco varones y una mujer, todos con un mínimo de cinco años de lesión. Aparte de las opiniones vertidas en la reunión sobre la falta de recursos públicos para atender y acompañar a los lesionados, lo que más me interesó de la actividad es conocer las historias personales de cada participante.

Laia debe tener veintipocos años. De todos los invitados, era la persona con la lesión más severa, que le impedía mover los brazos y le obligaba a utilizar un respirador y a mover la silla eléctrica con un dispositivo bucal. Aún así, no hacía ninguna pena. Por el contrario, daba gozo verla tan risueña, tan pulcra y tan vital. Vivía con su madre, que se ocupaba de sus requerimientos asistenciales y logísticos. Después de escuchar a Laia, no tengo ninguna duda que cuando acabe la carrera universitaria que acaba de empezar conseguirá llevar una vida completa y serena.

lunes 11 de mayo de 2009

ME PICA EN FLANDES

Definitivamente los tiempos están cambiando. El sábado conocí a un jesuita en una fiesta de cumpleaños que me rompió todos los esquemas que a lo largo de mi vida he ido construyendo sobre esta congregación. El chico, no muy alejado de la treintena, vestía tejanos y una camisa sport perfectamente conjuntada de color con unas zapatillas de cuidado diseño. Lucía una pelambrera muy bien elaborada y su piel atesoraba un ligero color tostado más típico de un play-boy que de un religioso. De risa fácil y labia briosa, el cura en cuestión se pasó toda la fiesta con un vaso de vino en la mano tratando de controlar las desviaciones de su mirada hacia las tetas de una invitada que con su cebado escote añadió un toque picantón a la reunión.

Sólo hubo un momento en que se le vió el plumero. Fue a raíz de una pregunta que le hizo una comensal acerca de sus quehaceres diarios. Allí le salió la vena aleccionadora y catecista que le permitió poner un poco de cordura y juicio a sus devaneos con el pecado. Salvo esta excepción, me quedé gratamente sorprendido con la evolución que han hecho algunos miembro de la Compañía de Jesús. En especial, valoro su valentía para abandonar la oscuridad de las depravaciones pederastas y salir a la calle para incrustar sus ojos en un par de pezones tiesos y jugosos.

sábado 9 de mayo de 2009

THE GIRL EXPERIENCE

Mi madre es una mujer hecha a base de hombres. No sólo fue la única hembra de ocho hermanos sino que los cuatro hijos que parió también fueron todos varones. De pequeña, le tocó pringar con las tareas de la casa, dado que su madre se tuvo que ausentar para conseguir el dinero que su padre se fundía en la barra del bar. Su infancia, si es que a esto se le puede llamar infancia, transcurrió entre cuatro paredes lavando la ropa de sus hermanos, haciendo potajes aguados y pidiendo limosna a las monjas para colaborar con la causa familiar. Con estos antecedentes, pues, no es de extrañar su tendencia a menospreciar los problemas que acucian a la sociedad contemporánea.

De abuela, pudo por fin dar rienda suelta a la niña que la posguerra había secuestrado. En verano, cuando sus tres nietas pasaban algunos días en su casa, era habitual verla jugar con ellas como una más del grupo. Era la que dirigía el cotarro, la más traviesa, la más niña.

viernes 8 de mayo de 2009

EL MAGNETISMO DEL VAIVÉN

Estoy tan harto de la cama que, ahora que remiten las heridas, me paso por los cojones la prudencia y me levanto a la mínima ocasión. Sólo la lluvia me puede retener. El otro día, que fui a ver Gran Torino, caí en la cuenta del montonazo de tiempo que hacía que no me levantaba por las tardes. Cuando salí del cine, pasadas las ocho y media, todavía se aguantaba la luz del día. Me sentí extraño y excitado a la vez; con ganas de saborear ese momento. Así que me fui al mar, mi mar, para saludarle. Al llegar a la baranda, me quedé un buen rato en silencio respirando su profundidad, compartiendo la emoción que la película acababa de resucitar. Allí estaba él, siempre tan receptivo, tan acogedor; como el mejor de los amigos. Antes de volver a casa le dí las gracias por su fidelidad y su honestidad.

Hacía poco más de un año que no veía un atardecer.

jueves 7 de mayo de 2009

OH MY GOD!

Desde The Reader que no lloraba tanto con una película. El gesto final de Clint Eastwood en Gran Torino me ha recordado a uno que hizo mi padre cuando tuve el accidente y que me ha puesto un nudo tan gordo en la garganta que me ha obligado a llorar para deshacerlo.

Mis padres recibieron la noticia de mi accidente a las tres de la madrugada por boca de mi mujer que hacía algún tiempo que había llegado al hospital. A primera hora de la tarde de ese mismo día, gracias a la colaboración económica y logística de mi Director General, pudieron llegar a tiempo a Coimbra para estar a mi lado en la única hora que estaba permitida la entrada de visitas. La primera en entrar en la habitación fue mi esposa que, aturdida y agotada, no paraba de repetirme lo bien que iría todo mientras me estrujaba una mano que nunca más se volvería a mover. A la media hora, siguiendo las instrucciones médicas con disciplina germánica, ella tuvo que salir para dejar paso a mis padres. Mi madre, como suele hacer en situaciones límite, sólo hacía que ver el lado bueno de la situación y consolarse con el hecho de que no me hubiera matado. Mi padre, como suele hacer en situaciones límite, se quedó callado y cariacontecido, dejándose superar por los sentimientos abrumadores que le invadían el ánimo. En uno de los silencios, recuerdo que dijo con la cabeza gacha: “Soy yo quien debería estar en esa cama. No sabes lo que daría por ponerme en tu lugar”.

Con los años, en plena terapia, pude rescatar esta frase para añadirla a la lista de los síntomas que evidenciaban con contundencia el amor que mi padre sentía hacía mí y que yo me empeñaba en camuflar a costa de realzar episodios menos trascendentes.

miércoles 6 de mayo de 2009

ANGUISHED ROMANCE

Mi abuela, la que decía que se quería morir sí o sí, era una mujer con un bagaje vital de dimensiones épicas. Nació en una familia adinerada de Almería donde aprendió a leer y a escribir de la mano de su abuela materna. A los dieciocho años, recién inaugurada su condición de señorita, se enamoró perdidamente de un rufián que la preñó, obligándola a huir del estigma de la época y a instalarse en Barcelona. Aquí vivió lo peor de su existencia. Con un marido aficionado a los chatos y a los guantazos y una ciudad famélica, no le quedó otro remedio que pedir limosna a las patronas de los hogares donde realizaba tareas de bajo calado para poder alimentar a su familia. En total, mi abuela tuvo trece embarazos, de los que sobrevivieron ocho hijos, siete varones y una hembra. “Todos son hijos del vino”, solía decir cuando le estiraban de la lengua. Cuando éstos empezaron a ganarse las algarrobas y a independizarse, el monstruo interior de mi abuelo se apoderó de la situación y sacó todo su repertorio de trilero barriobajero.

Las desgracias para mi abuela, desafortunadamente, no acabaron cuando el hígado de su marido dijo basta. Antes de morir todavía le quedaba sufrir una rotura de fémur y, por si fuera poco con todo este sufrimiento, enterrar en vida a tres de sus hijos.

Se nos fue en un día especial y único; un día tan excepcional como ella: el 29 de febrero de 2000.

domingo 3 de mayo de 2009

TODO LO QUE TENGO ESTÁ AQUÍ, AHORA

Además de minimizar la dimensión de sus problemas cuando los comparan con los míos, hay personas que cuando me conocen me dicen que ellas serían incapaces de superar un hecho tan traumático o que nunca hubieran tomado la decisión que tomó mi mujer. Frente a estos comentarios utilizo el mismo argumento que esgrime Ramesh Balsekar en su libro, y que ya he comentado en alguna otra ocasión. No se sabe. Nadie sabe cómo reaccionará en el futuro. ¿Cómo coño voy a saber lo que haré o dejaré de hacer si me quedo tetrapléjico? Y, ¿qué es eso de que “yo nunca dejaría a mi pareja si ésta tuviera un accidente como el tuyo”? Bobadas. O, mejor dicho, pensamientos inútiles, reflexiones banales que, muchas veces, se dicen por decir. O por inercia.

Un ejemplo. Mi abuela estuvo diez años diciendo que se quería morir, y en todo este tiempo, no hubo un solo día, salvo cuando llovía, que dejara de coger su bastón y su bolso para darse un paseo por la calle, saludando a todo el vecindario y, cómo no, pronosticando su final.

Otro ejemplo. En una de las visitas que he hecho recientemente al hospital, conocí a una chica de veintipocos años que se quedó tetraplégica en un aquapark por culpa de la imprudencia de un chico que no esperó el tiempo prudencial y se dejó caer por el tobogán gigante cayendo de bruces sobre su cuello y rompiéndoselo en pedazos. Me decía la chica que, antes del accidente, siempre consideró el suicidio como la mejor alternativa frente a la llegada de una desgracia personal y que, incluso cuando supo que estaría de por vida en una silla de ruedas, fantaseó con esa posibilidad. Finalmente, aunque estuvo cinco años sin salir de su casa, no llevó a cabo su autoinmolación y consiguió rehacer su vida como profesora de inglés.

sábado 2 de mayo de 2009

¡BUENOS DÍAS SEÑORA PRUDENCIA!

No es la primera vez que escucho un comentario como el que me han hecho en el post anterior. “Con un ejemplo como el tuyo, mis problemas son nada”, decía esta lectora. Mi opinión al respecto de la comparación entre situaciones personales es que es algo poco recomendable, por no decir insano. Pienso que cada persona vive sus inquietudes, traumas o conflictos como si fueran únicos, tremebundos, catárticos, insuperables, ... Los expertos dicen que lo que nos afecta no es el hecho en sí sino la interpretación que hacemos del mismo. Y es en esa interpretación donde reside la naturaleza del sufrimiento; que es individual e intransferible. Delante de un mismo suceso (por ejemplo, la separación de la pareja o la muerte del padre o de la madre), unas personas lo superan con relativa facilidad y otras, sin embargo, dejan su emoción encallada durante años en ese acontecimiento, otorgándole todo el poder para lastrar su bienestar.

Si la comparación sirve para eliminar barreras y catapultar la superación de la traba, bienvenida sea; si, por el contrario, nos hunde más en la miseria, dejemos de hacerla, por favor. Centrémonos en nuestro itinerario. Bastante duro es de por sí el tránsito por el desierto como para ir gastando las energías en mirar las hazañas de nuestros compañeros de viaje.

miércoles 29 de abril de 2009

MUERDE EL POLVO, CABRÓN (4)

Después de evidenciar la gravedad de las lesiones, el médico que me atendió en primer lugar, una vez curada la herida de la mano y fijado el cogote con un collarín de alta seguridad, me derivó al Hospital Universitario de Coimbra. De momento, ninguno de los sanitarios que me cuidó se atrevió a decirme nada de las secuelas de lo ocurrido, por lo que mi mayor preocupación estuvo en hacerle llegar a mi mujer la dirección donde me podría encontrar. Lo primero que hicieron al ingresar fue meterme con calzador en una máquina de resonancia magnética para calibrar el alcance de los daños. Nada más salir de allí, ya en la habitación de la unidad de cuidados intensivos, me perforaron el cráneo con un taladro especial para colocarme un artilugio con quince kilos de contrapeso. Tendido en la cama, por fin, me enteré de que me había roto el cuello y de que, a la espera de una operación, necesitaba liberar la médula espinal de la compresión que me producía la vértebra rota. Ni mú de las consecuencias.

Estuve cinco días ingresado en Coimbra antes de volver a Barcelona en un avión ambulancia. Fueron los peores cinco días de mi vida. La habitación, compartida con otras dos camas, estaba roñosa, oscura y húmeda. El servicio, deplorable, sólo se presentaba para lavarme por las mañanas y dejarme la comida junto a la cama. Como en esa fase tan aguda de la lesión no podía mover ni los brazos, los platos siempre los retiraban igual de llenos como los habían traído. Por las noches un único celador se ocupaba de toda la unidad y como no tenía acceso al timbre me pasaba horas y horas en vela rezando para que alguien me limpiara la mucosidad de las vías respiratorias y poder descansar un poco. A esta sensación de estar viviendo una pesadilla se unió el hecho de que las visitas estaban permitidas únicamente de las 19h a las 20h, por lo que no pude ver a mi mujer hasta pasadas veinticuatro horas del día de autos.

Salí de ese infierno en dirección a Barcelona de la mano de un cirujano que vino por gentileza de mi empresa y que, a la postre, sería el que me operaría. Su diagnóstico, frío y contundente, no dejaba lugar a dudas ni esperanzas: “Tienes seccionada la médula espinal a la altura de la C6-C7. Vete olvidando de volver a andar.”

MUERDE EL POLVO, CABRÓN (3)

A la tercera vuelta de campana, sentí como mi coche chocaba contra algo mientras seguía dando revolcones descontrolados. Cuando cesaron las volteretas, escuché unos lamentos a lo lejos, como gritos de dolor. Ahí, por primera vez, me dí cuenta que por evitar el trailer me había estrellado contra alguno de los pasajeros de los coches que se detuvieron a raíz del accidente del camión y que permanecían en el arcén a la espera de ayuda. No fue hasta al cabo de unos días que supe que en ese impacto murieron dos personas de nacionalidad portuguesa. No recuerdo muy bien quién me dio la trágica noticia, lo que sí tengo muy presente es que tuve una reacción poco emocional. Quizás fue por culpa del shock en el que me encontraba al saberme paralizado o quizás como consecuencia del poder narcótico de los fármacos que me suministraron en el hospital, el caso es que me mantuve relativamente sereno y entero, dentro, claro está, de la gravedad que conllevaba una situación de este calibre.

Así, aparentemente fuerte, me mantuve varios años. Mi mente se ocupó en concentrar todas sus energías para la recuperación física y la adaptación a los pormenores de la silla de ruedas. Durante ese tiempo mi incosciente se encargó de camuflar las consecuencias de un hecho tan dramático. Al final, durante todo el trabajo terapéutico que hice en relación a mi padre y la pérdida de movilidad, apareció toda la emoción relacionada con el fallecimiento de esos seres humanos. Y ahí sí, ahí me hundí hasta el fondo de los fondos. Lloré y lloré y lloré como pocas veces en mi vida. Saqué a la superficie el enorme sentimiento de culpa que había estado aparcado durante tantos años utilizando todo tipo de ejercicios terapéuticos. Hasta que llegó un buen día en que, por fin, conseguí hacer lo que pocos meses antes me había dado un hálito de brío a mi conciencia: volver a perdonarme por lo que había hecho.

MUERDE EL POLVO, CABRÓN (2)

Ese día, Dios quiso que Laura, al contrario de lo que solía hacer cuando mis responsabilidades profesionales me obligaban a salir de viaje, prefieriera quedarse un rato más en la cama y pasar el día con sus amigas españolas residentes en Lisboa. Me levanté a las 6 de la mañana para llegar con tiempo a la reunión que tenía en Porto. Fue una entrevista larga, con una comida, también prolongada, de por medio, que acabó a media tarde. Cuando me metí en el coche estaba preocupado por la hora. A Laura no le gustaba mi adicción al trabajo, por eso ignoré el chaparrón que estaba cayendo en la autopista y empecé a apretar el acelerador para minimizar las tres horas de trayecto y poder llegar a una hora razonable. Mis pensamientos trataban de ordenar el montón de información que se había barajado en la reunión. Me jugaba mucho con esa operación. De tan absorto que estaba me olvidé de la carretera y cuando volví a tomar conciencia de lo que estaba haciendo ya me había metido en un buen lío.

Frente a mí, a no más de cien metros, se erigía un camión recién accidentado que ocupaba los carriles derecho y central de la autopista. Miré instantáneamente en el carril izquierdo para encontrar un hueco por donde meter la locomotora en la que andaba subido, pero ahí sólo encontré una hilera de coches parados y un tío con los brazos levantados moviéndolos desesperadamente. ¡Me cago en la puta!, no tenía escapatoría. Si frenaba, a 180km/h y con el suelo chorreando, me estrellaba contra el camión de todas todas. Con los cojones literalmente pegados en el gaznate, lo único que se me ocurrió fue dar un volantazo hacia la derecha y tratar de evitar esa mole por el arcén de seguridad.

A la primera vuelta de campana sentí un crujido en el cuello que me nubló la vista. Era la señal de que mi vida se acababa de romper.

MUERDE EL POLVO, CABRÓN

El accidente ocurrió a las 19:10h de la tarde. Me acuerdo perfectamente porque lo primero que hice de forma instintiva cuando el coche dejó de dar vueltas de campana fue mirar el reloj del panel de mandos. Después, acojonado perdido, traté inútilmente de levantarme para salir del amasijo de hierros retorcidos en el que me encontraba y, tras comprobar que mi cuerpo no reaccionaba, empecé a pedir auxilio con todas mis fuerzas. Durante el tiempo que esperé la llegada de la ambulancia nunca fui consciente de que me había quedado tetrapléjico. Lo único que me asustó un poco fue una herida abierta en la parte anterior de mi mano izquierca que sangraba con fluidez. En ese eterno lapso de tiempo sólo pensaba en que acababa de volver a nacer y en cómo avisar a, Laura, mi mujer de lo que me había ocurrido. El destino quiso darle la fatal noticia a través de la televisión gracias a una unidad móvil de un canal privado de la televisión portuguesa que venía tras de mí y que grabó las imágenes del desastre para emitirlas en el noticiario de la noche.

Cuando por fin lograron sacarme de ese montón de chatarra, me llevaron a las urgencias del hospital más cercano para hacer una primera valoración. Al entrar en la sala de curas, cien por cien consciente, le pedí un teléfono al médico que me atendió para llamar a Laura de inmediato. “Sé lo que te ha pasado –me dijo llorando después de escuchar mi relato-, lo acabo de ver en la tele. Ahora voy para ahí”.

martes 28 de abril de 2009

VERBIGRACIAS


Al final todo irá bien; y si no va bien es que no es el final.
Anónimo


Tenemos lo que elegimos tener (o soportamos tener, que es lo mismo).
Mario Conde

ALL WE ARE IS DUST IN THE WIND

Yo aún estaba tocado, muy tocado, por lo que acababa de vivir. Regresé al grupito de conocidos para sentirme un poco más arropado donde me quedé en silencio y con la mirada ausente a la espera del taxi que me devolvería a la cotidianedad. Al poco, en el lado opuesto del corrillo, ví cómo ella se plantaba frente a mí escoltada por dos amigas que la acompañaron al funeral. No sé cómo hubiera reaccionado en otro momento, pero esta vez su presencia se me hizo más innecesaria de lo habitual. Me saludó con una actitud seca, distante, acorde con el sentimiento que me produjo tan inesperada aparición. Le devolví un hola inodoro e insípido, frío como el cuerpo que estaban a punto de cremar. Antes de enfilar el camino del parking reiteró la cortesía con el resto de integrantes del grupo, esta vez con un deje más amable.

Adiós, Lucía, adiós.

AGALLAS (3)

Otro de los items que suelo incluir en la lista cuando me preguntan acerca de lo que he aprendido desde que voy en silla de ruedas es el de la paciencia. Como buen perfeccionista autosuficiente que fui, no soportaba ni los retrasos, ni los incumplimientos de promesas, ni los engaños. Exigía a los demás, como mínimo, lo que me exigía a mí mismo, que, por descontado, era una brutalidad. Por eso, tanto en el hospital como durante los primeros años de lesión me cagaba en la puta de madre de todo aquel quisqui que tuviera la osadía de no atenderme según los estándares que yo consideraba como indispensables. Quería las cosas ya, y las quería a mi manera, como siempre había sido. De la bilis que tragué me fui reblandeciendo, sobre todo porque poco a poco fui entendiendo que con el cabreo sólo conseguía más rechazo por parte de quienes me tenían que atender.

Hoy en día vivo en la paciencia y la comprensión. ¿Qué el taxi tarda una hora en llegar por culpa del tráfico? No pasa nada, cancelo la cita que tenía prevista y la traslado a otra fecha. Las personas entienden estos imprevistos. Era yo quien no me los permitía. ¿Qué el ayudante se ha puesto malo y no puede levantarme? Pues intento buscar un sustituto y si no lo encuentro, en lugar de mandar a ambos a la mierda, vuelvo a cancelar la cita y a reubicarla en mi agenda. Y así con cada contratiempo: me cago, me meo, se me pincha la rueda de la silla, el pasillo de la caja del supermercado es muy estrecho, se agota la batería del coche, se estropea la rampa del autobús, la puerta del restaurante es demasiado estrecha o la mesa es demasiado baja, la bolsa de orina se revienta y me inunda el zapato de meados, se estropea el ascensor, empieza a llover en medio de mi paseo, …

lunes 27 de abril de 2009

AGALLAS (2)

En relación a esta jodida manía que tenemos de no pedir ayuda, me viene a la memoria un episodio antaño con una compañera de trabajo que, solidarizándose con la patética situación en la que me encontraba, me invitó a comer un día por el casco antiguo de la ciudad. La mujer se presentó, para mi sorpresa, con el brazo escayolado y unas ojeras de campeonato. “Esto de aquí no es nada –me contestó cuando me interesé por lo que le había pasado en el antebrazo-, lo peor ha sido la angustia de pensar que no te podría ayudar con la silla. Me he pasado toda la noche en vela e, incluso, he estado a punto de cancelarte la cita –me confesó-.” Le dije que no se preocupara, que eso no era ningún impedimento.

Esa tarde, recorrimos tres o cuatro garitos en busca de las mejores tapas del lugar. Andamos por calles adoquinadas, entramos en lugares que quedaban en el subsuelo, subimos aceras gigantescas, … Hicimos todo eso y mucho más simplemente pidiendo ayuda a la gente que se cruzaba por nuestro camino; personas amables que se desvivían por echarnos un cable en cualquiera que fuera el desnivel a superar. Bien entrada la noche, con el cuerpo empapado de alcohol, esta mujer me confesó que estaba impactada, no sólo de la facilidad y normalidad con que habíamos afrontado las diferentes vicisitudes arquitectónicas sino de la capacidad que había mostrado para pedir ayuda a gente desconocida.

Con el tiempo, ya en pleno ejercicio de nuestra amistad, fue ella quien me pidió ayuda para acompañarla en un transito personal de delicada ejecución.

AGALLAS

“¿Y qué has aprendido desde que estás en silla de ruedas?”, me preguntan a veces mis allegados, como queriéndole dar un sentido a una desgracia de este calibre. “A pedir, he aprendido a pedir”, respondo sin dudarlo un instante.

Gracias a una educación rayana en lo castrense, mi vida bípeda fue de una autosuficiencia recalcitrante, casi enfermiza. Yo solito me lo guisaba y me lo comía todo. Prefería romperme el costalar antes que buscar una mano solidaria para compartir el peso de la mudanza. Y si no había más remedio, mi primera opción siempre era la de pagar a un profesional por la ayuda recibida. Nunca pedía opinión o consejo y también era parco en descargar mis penas en oídos amigos. Ahora todo ha cambiado. Pido ayuda al camarero para vaciar el sobre de azúcar en la taza de café, pido ayuda al viandante para cruzar un paso de cebra con pendiente excesiva, pido ayuda al amigo para rebajar la impotencia que me produce tanta cama, pido ayuda al empleado de la gasolinera para llenarme el depósito, pido ayuda al hermano para que sintonice los canales de la TDT, pido consejo al experto para guiarme en los caminos del desarrollo personal, …

Venimos de una cultura que elude el pedido. Preferimos ofrecer ayuda a solicitarla. Y, así, entre unos y otros vamos restringiendo nuestro campo de acción y de realización como seres humanos. Si fuéramos capaces de solicitar ayuda con más frecuencia nos daríamos cuenta que el acto de pedir no es egoista, sino todo lo contrario. Cada vez que pedimos algo a un familiar o a un amigo le estamos dando una maravillosa oportunidad para que nos muestre el amor que nos confesa.

THE MAGIC IS IN TELLING

Cuando una persona dice que hace algo (o deja de hacer algo) por los demás lo primero que hago es ponerle un enorme interrogante imaginario encima de su frase. En general, no me creo este tipo de excusas. Mi opinión particular es que detrás del comportamiento de una persona existe siempre una razón íntima y personal que justifica dicha conducta, por muchas argumentos externos que se quieran aducir. Por ejemplo, cuando alguien viene a visitarme mientras me están aseando o curando y me dice que se espera en el comedor para no hacerme sentir mal, lo que en verdad creo que me quiere decir es que se muere de vergüenza o de pudor a la hora de enfrentarse a mi desnudez. Otro ejemplo. Una vez, una madre separada me reconoció que lo que realmente la mantenía en el matrimonio no era lo que proclamaba a los cuatro vientos (es decir, la manida frasecita acerca de “esto es lo mejor para mis hijos”) sino el miedo que tenía a perder el contacto con ellos y enfrentarse a su soledad durante los fines de semana que estarían con el padre. Incluso en los actos más altruistas de quienes dedican su vida a los demás se podría llegar a destilar una aspiración por reforzar la propia autoestima a través de las palmaditas en la espalda y el aplauso ajeno.

Que no nos vengan con engaños. Una cosa son las razones que hacemos públicas y otra bien diferente las motivaciones intrínsecas y personales que mueven nuestro existir.

¿EN SERIO?

La reacción tan arisca de mi mujer desde el día uno de mi accidente no preveía nada bueno para nuestra relación. A los dos años, formalizamos notarialmente la separación. Durante todo ese tiempo, en especial desde que recibí el alta médica y me fui a vivir con ella a un piso acondicionado para mí, traté de esconder a mis padres las evidentes muestras de desamor que me profesaba. La adaptación al nuevo hábitat fue muchísimo más dura que la pérdida de movilidad en sí, y preferí silenciar los pormenores del calvario en que andaba metido para no añadirles más sufrimiento del necesario. Eso mismo debió pensar mi mujer en relación a mí porque tanto sus desaires como sus desatenciones no dejaban ninguna duda acerca de la decisión que ella había tomado desde hacía mucho tiempo. En esos días, no sabía si me dolía más mi incapacidad para aguantarme los pedos o el macabro rechazo que estaba recibiendo por quien se suponía que tenía que dar el do de pecho en una situación de emergencia como aquella. Al principio le concedí el beneficio de la duda, pero cuando empezó a salir de fiesta y a esconderme la naturaleza de sus actividades le puse un buen fajo de billetes sobre la mesa para finiquitar aquella tortura.

Últimamente, he escuchado la confesión de un par de personas que ya saben a ciencia cierta el camino que van a seguir pero que esconden su cobardía detrás de una aparente empatía hacia sus parejas o, peor, hacia sus hijos. Mi respuesta en ambos casos ha sido siempre la misma: “El daño no se minimiza retrasando una decisión. El daño está en la propia decisión”.

domingo 26 de abril de 2009

RUN OUT OF IDEAS, NOW WHAT?

ALGUNAS COSAS PODRÍAN SER INCLUSO CIERTAS

La función del verdadero artista es restaurar mediante la creación de elementos conscientes la integridad de la sensualidad y el poder emocional de lo tangible.

John Cassavetes

viernes 24 de abril de 2009

LA PRIMERA UCRANIANA (Y 7)

Se va. No aguanta más. Dice que en su tierra vive mejor. Que aquí ya no tiene nada que hacer. Su socio y novio desde hace cuatro años la ha dejado por otra, harto de sus constantes devaneos con el alcohol y con su adicción al trabajo. El negocio que vino ha montar ha sido un lento goteo de desencuentros con proveedores e industriales y se ha convertido en un agujero negro que succiona el poco dinero que le queda. Para más inri, sus papeles han caducado y tiene que asistir cuatro horas diarias a un curso de compromiso de integración de inmigrantes que en lugar de abrirle las puertas a su legalización la está desquiciando por dentro. Y por si todo esto fuera poco, una de las prótesis que se instaló debajo de sus pechos para (¡esto es increíble!) conseguir que los hombres se la miren, se está saliendo del lugar que le corresponde y la está matando de dolor. A todo esto hay que añadir mis reiteradas negativas a seguir compartiendo nuestra intimidad, lo que, imagino, habrá decantado la balanza por el lado de la huida.

Adiós, mi primera ucraniana, adiós. No sabes cuánto me ayudaste con tu sonrisa el primer día que te conocí. Fuiste una señal, una bonita manera de dar por finalizada mi convalecencia y de marcar el principio de una nueva fase en mi vida. Lo nuestro ha sido corto, muy corto, pero no por ello menos significativo. Tengo la sensación de que nos hemos ayudado mutuamente; pero, una vez más, esta es sólo mi opinión. Gracias. De corazón. Y mucha suerte en tu nuevo existir.

jueves 23 de abril de 2009

PITUITARIA

Hoy es Sant Jordi. Aquí, en Barcelona, a pesar de no ser festivo, la gente sale a la calle y se regala rosas y libros. Es un día muy bonito. Apetece pasear por los tenderetes y husmear las novedades literarias. A pesar de los tumultos que se crean en el centro de la ciudad, se respira un ambiente relajado. Y si, encima, luce el sol como es el caso, la celebración se vuelve todavía más romántica. Hay, sin embargo, un pero que quiero denunciar: las rosas han perdido su olor. De los más de cinco millones de rosas que hoy se van a vender, nueve de cada diez serán totalmente inodoras. Dicen los expertos que los productores (mayoritariamente sudafricanos y norte europeos) cultivan las variedades sin perfume poque éste es un factor que disminuye la vida de la flor, lo que reduce significativamente su rentabilidad. ¡Una pena!

A mí el olor a rosa me trae recuerdos de infancia. Otros olores que están emocionalmente asociados a mi vida son: el agua de colonia Nenuco, el jabón Lagarto, el pimentón, los níscalos recién recogidos del bosque, Anaïs-Anaïs de Cacharel, Eau Vielle de Roger Gallet, Eau d’Orange Verte de Hermès, Alada de Myrurgia, el olor que desprende el bosque tras una tormenta de verano, la sal del mar, Dolce Gabbana Pour Homme, la tinta de un libro nuevo, Vicks Vaporub, el Agua del Carmen, la tinta china, la Quina San Clemente, el croissant recién hecho, el analgésico en spray Reflex, el petróleo, el humo de los puros Rössli, las feromonas de una mujer excitada, Mademoiselle de Chanel, el bronceador, las cigalas a la plancha, Tam Dao de Diptyque, el gel Multidermol, el hierro fundido, un bocadillo de tortilla de patata, …